4/16/17

La vida sigue...



LA VIDA SIGUE
(De cómo tu carta desembocó en un poema)
Levántate y anda.


Querido:

yo sé muy bien lo que es sentirse “inapropiadamente solo”
-se puede estar solo y no sentir que sea inapropiado-
sé lo que es abrir los ojos al regreso después de haber entrado
en el laberinto de la muerte
lo que es sentir las paredes blancas y vacías de un hospital
dando vueltas en las pupilas
recordándome la inexistencia de caricias
la ausencia de palabras esperadas
sé lo que es estar reclinada en esa cama de hospital tan impersonal y fría esperando a mi amante inútilmente y luego verla llegar sin flores ni poesías pero con un discurso ensayado
“me es imposible ocuparme de tu resurrección
tengo tantas cosas que hacer… lo he pensado muchísimo…
pero ya no tiene sentido que sigamos juntas”.

Sé de la rabia la conozco como si fuera mi hermana gemela
siempre he tratado de escabullirme de su conjuro
pero igual se las arregla para comparecer cuando menos la necesito
y llega al hospital cuando estoy sola y mi amante
se ha largado a conquistar los rascacielos de Century City.
Llega cuando estoy sola y desvalida (la rabia porque mi amante se fue a bolina) y todavía la fiebre me mantiene despojada de mis signos vitales
como una amortajada o una ebria sin techo
en su cama descubierta de la noche.

Pero…
                                        la vida sigue.

Hay pájaros en el balcón
retozan con el rocío y las incrédulas urracas californianas
el sol empieza a posarse sobre mis sábanas limpias de hospital
y recuerdo sutilmente agradecida
que he regresado muchas veces
con los pies hinchados pero vivos
y que a nadie tengo que agradecer por ello excepto a Dios 
y a los médicos de ese sistema de salud americana que tantos critican 
pero que alguna vez
ya muerta
me hizo volver a la tierra.

                                       La vida sigue

y hay mucha poesía esperando entre pastilleo y termómetros
un cielo provocador de vivencias
rostros nuevos que nos llaman desde el éter de la subconsciencia
algún que otro amigo que corre a nuestro lado sin desfallecer
melodías de este mundo y de otros tantos
-nada místicas diría más bien profanas-
ungiendo nuestros tímpanos con miel y leche fresca
incluso las voces imposibles
generalmente de vecinos festivos y gnomos desdichados
vienen en procesión a rendir el homenaje sagrado de la vida.
Porque hay una cosa cierta, ineludible:

                                     La vida sigue y es toda una aventura homérica.

Marbella | 2003

Carmen Karin Aldrey
Foto: "El árbol es una mujer que baila", de C. K. Aldrey

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