10/26/09
For once in my life
para Karin Aldrey
(y para tantos otros que es imposible nombrarlos a todos)
¿Cuántas vidas tiene la vida de un hombre?
¿Cuántas desperdicia? ¿Cuántas aprovecha?
La cebolla tiene capas como el hombre; el árbol, anillos.
La cebolla las pierde, el árbol los conserva,
y el hombre entre medias hace lo uno y lo otro.
Unas veces sabe escoger, otras no.
La naturaleza está por encima de los tres.
La naturaleza, la vida, el poder;
el mundo; el azar;
la miseria y la riqueza;
la Historia de los Mesías y los miserables;
todo a lo que verdaderamente poco importan
la cebolla, el árbol y el hombre.
¿Y quién pone el equilibrio entre lo útil y lo inútil?
Muchas capas y anillos, muchos años,
hacen de la memoria el filtro
en el que se depuran la alegría y el dolor
y los convierte en el misterio
de por qué nos fascina tanto vivir a pesar de todo.
(Madrid, 26 de octubre de 2009)
© 2009 David Lago González
para Karin Aldrey
(y para tantos otros que es imposible nombrarlos a todos)
¿Cuántas vidas tiene la vida de un hombre?
¿Cuántas desperdicia? ¿Cuántas aprovecha?
La cebolla tiene capas como el hombre; el árbol, anillos.
La cebolla las pierde, el árbol los conserva,
y el hombre entre medias hace lo uno y lo otro.
Unas veces sabe escoger, otras no.
La naturaleza está por encima de los tres.
La naturaleza, la vida, el poder;
el mundo; el azar;
la miseria y la riqueza;
la Historia de los Mesías y los miserables;
todo a lo que verdaderamente poco importan
la cebolla, el árbol y el hombre.
¿Y quién pone el equilibrio entre lo útil y lo inútil?
Muchas capas y anillos, muchos años,
hacen de la memoria el filtro
en el que se depuran la alegría y el dolor
y los convierte en el misterio
de por qué nos fascina tanto vivir a pesar de todo.
(Madrid, 26 de octubre de 2009)
© 2009 David Lago González
10/7/09
9/22/09
9/18/09
9/11/09
8/9/09
7/21/09
Todo está bien en el mejor de los mundos posibles

Carmen Karin Aldrey, Planetas de la Mente (2009) Técnica mixta sobre lienzo
“Todo está bien en el mejor de los mundos posibles”-Moliere-
Después de tanto afán por tocar las nubes no entendía qué hacía allí, exprimida como una naranja. Adaptarse no había sido lo peor, sino aceptarlo. Recordaba que asumiendo había vivido los mejores momentos de su vida, pero el hastío se afianzaba con la edad y ya no aparecían las brújulas como en las épocas de la Gran Ciudad. Por supuesto, desde el pueblo todo era grande. Ella pensaba que la culpa la había tenido aquél regalo de cumpleaños en donde varios girasoles la abofetearon con su belleza.
-Tan lindos… y decir que es obra de un alucinado…
Pensándolo bien, no fueron los únicos responsables, también ese libro dedicado a un niño adulto que encaramado en planetas lejanos, la había conducido lentamente a la comprensión de los misterios humanos.
-Yo creo que tu problema ha sido el escozor, Teresita, y los guaguanchos…
Con las voces internas podía dialogar a sus anchas, las otras quedaban flotando, inmersas en vacíos sin sustancia y avasalladas por los ruidos urbanos, como esos ecos que viajan entre paredes sólidas o acantilados.
El caso es que estaba allí y no lo entendía muy bien. Reconoce que aquellas noches en Empedrado y Monserrate cortaron su cordón umbilical de cuajo y la hicieron tomar decisiones peregrinas el resto de su vida. Todavía podía ver al Teniente Lázaro mirándole a los ojos sin pestañar, caminando hacia ella con la mano izquierda en el bolsillo y su pistola de culata de carey resplandeciendo en la oscuridad. No hay peor espectáculo que un militar armado, irradia fuerza bruta, autoridad, y cuando trasciende a símbolo esa imagen se apodera del subconsciente de un país. Entonces es cuando dan ganas de correr, de ser irreverente. Lo sentía por aquellos, los asimilados y resignados, y lo sentía por ella misma, más que por todos, puesto que auto-compadeciéndose reconocía lo inútil de la desolación.
Estaba allí, ¿pero en dónde? No importaba el lugar, eso era lo de menos, lo esencial era su ánimo, ese que va a todas partes con el ser y sólo cambia luego de atravesar etapas necesarias. Miraba a ese otro mar estancado como un lago, muy parecido a ella. Adivinaba su boca encontrada con el océano y el eterno escapar de las olas a otros mares cubiertos por las sombras y la melancolía. No sabía si había aprendido a conocerse, envejecer no era una garantía, conocía gentes de todas partes que nunca maduraron, que siempre cometieron los mismos errores, y quizás era la vida misma con sus parámetros desconocidos la que actuaba subjetivamente dentro de cada cual creando espejismos.
Cuando recordó que fue obligada a condenarse en primera persona del plural, le vino la fiebre del Yo, otro mal que sólo se curaría amando. Por eso cuando llegaban las desilusiones retomaba con fuerza el ego y se escondía, ya no entre los cerezos, pero lejos de la cotidianeidad abrumadora y de las tertulias frívolas, un poco erigiéndose victimaria de sus propios antagonismos. Si la vida no fuera tan complicada, Teresita hubiera sobrevivido. Vivir no es sobrevivir de ningún modo.
Las nubes no eran de papel, así que se fue acostumbrando a las caídas súbitas. Las peores eran aquellas del abrir los ojos y confirmar que los cambios habían sido inevitables, un poco asombrarse del estar en un sitio diferente cada vez y no recordar en qué momento dio el primer paso para que esto sucediera, de modo que muy bien podía despertar en el Sahara como en Key West, siempre acompañada por su propia sombra o alguna que otra sayuela estampada. Qué horrible, se decía, no entender el por qué de las migraciones, el peso exagerado de su equipaje lleno de escombros intelectuales, zapatos de marca y escrituras musicales embarradas de tinta china.
Era asombroso vivir sin la memoria del presente, todo se reducía a los cataclismos del ayer, las volátiles imágenes de su infancia, los tormentos de su adolescencia que yacían muertos-vivos en una mochila que siempre se encasquetaba en cada escapada.
Recogiendo las miserias atravesaba la frugalidad con su estenotipia mental, acaparaba los versos que imaginaba escribiendo y que nunca lograba recordar al llegar a su destino, puesto que todos los caminos conducían a la Gran Ciudad y sólo allí era posible hacer uso eficiente de su maquinaria interpretativa. La locuacidad vendría mucho después, cuando empezó a marchitar y ya no le importaban la dirección de sus pasos ni las huellas de esas otras vivencias compartidas con entidades pasajeras.
Es cierto, estaba allí y veía que las gaviotas eran más gordas, que los delfines se dejaban tocar, que las estrellas eran menos o quizás más lejanas, que el neón subía y bajaba por doquier alumbrando calles tan largas como las vías del tren, y lo mejor, que ella no era notada y se unía a una muchedumbre ansiosa por desaparecer entre ordenadores, ensaladas multicolores, baños perfumados o experiencias afrodisíacas. Cada cual a lo suyo, se decía con satisfacción, nadie advierte mi caminado de botas ortopédicas, mi pelado de Juana de Arco, mis ojos de buscar otros ojos, nadie me critica ni me alaba, nadie me aplaude o me censura. Eso argumentaba llena de pasión, aunque la soledad sólo es fructífera si tienes cosas que decir, como sucedió con ella al final, pero sí supo de otros que no superaron el tedio de los monólogos y terminaron absorbidos por la nada. Estaba allí, así de simple, pero nunca se arrepintió de ser parte de una diáspora que herida buscaba su asiento, su trono, su mar, aunque nunca fueran repetibles y la nostalgia de sábanas almidonadas la despertara por las noches interrumpiendo sus sueños y sus pesadillas.
Carmen Karin Aldrey
De su libro inédito “Teresa o las Huellas” © 2002
5/31/09
4/23/09
La Bandera de Soligregario

Significación
El Hipocampus o Caballito de Mar tiene características curiosas. Primeramente, vive en aguas cálidas, tiene tendencia a la monogamia, es leal y voraz, son los machos los que incuban las crías, y si no se proteje su especie, pronto serán historia. Desde esta tribuna los caballitos y yo protestamos por su frenética comercialización, para lo cual se masacran y sacrifican cada año millones de ellos, ya sea para colgárselos al cuello o para petrificarlos detrás de un cristal, o sea, están haciéndole competencia a las camisetas del Che. A esto le llamamos los caballitos y yo "turismo inconsciente", de modo que exhortamos a quien nos lea que NO COMPREN animalitos disecados, porque para ello, tuvieron primeramente que ser ASESINADOS.
La bandera de Soligrerio es ecologista y mística, sus colores son exacta réplica de la madre naturaleza, tierra, mar, arena, cielo. Las pirámides significan el misterio del hombre y su historia por este y otros mundos, las franjas su trayectoria, y las estrellitas, son las seis provincias originales de la República de Cuba. Son azules porque el blanco es sólo un mito cuando hablamos de pureza humana, en cambio el azul representa nuestros mares y nuestro cielo. No es una bandera política, sino humanista, un homenaje a la naturaleza de la Isla de Cuba.
Karin Aldrey
Abril,2009
4/9/09
Mari Trini
En el acorde azul de tu guitarra
descansa en paz, Mari Trini…
Gracias por todo lo que vivimos
contigo…
descansa en paz, Mari Trini…
Gracias por todo lo que vivimos
contigo…
2/10/09
Coplas
Una espina cruza la calle
la persiguen pétalos blancos
la espina hiere al mendigo
los pétalos besan su sangre.
Nube roja del amanecer
que hierves en el horizonte
los buitres vuelan si lloras
los pájaros cantan si naces.
C.K.Aldrey, 2009
la persiguen pétalos blancos
la espina hiere al mendigo
los pétalos besan su sangre.
Nube roja del amanecer
que hierves en el horizonte
los buitres vuelan si lloras
los pájaros cantan si naces.
C.K.Aldrey, 2009
2/4/09
2/2/09
Teresa o las huellas

La oficina era pequeña, tenía más o menos unos cinco metros cuadrados y de sus paredes colgaban retratos de varios mártires de la Revolución. En una de las esquinas languidecía una bandera cubana, agarrada con soguitas de henequén a una varilla. Justo en el medio, una mesita y dos sillas, y en otra de las paredes se encontraba empotrado un librero de metal todo despintado en donde se podían ver las obras completas de José Martí, algunas de Marx, Engels, Lenín y Makarenko.
Porque la vida lo había determinado así, ya se había acostumbrado a que la citaran a sesiones privadas –y a veces públicas- de enjuiciamiento. También se había acostumbrado a no defenderse. Estaba consciente de que alegar, debatirse, polemizar, enfrentarse a la autoridad, ya fuera familiar, académica o militar, no era sólo contraproducente sino inútil y desgastador.
Hacía sólo unos días que una de las niñas del albergue vecino la había llamado para contarle el secreto de que Eloísa, su compañera de cuarto, se le había visto solazándose en el patio con otra de las alumnas. Estaba visto que su propia identidad estaba constantemente poniéndola a prueba, quizás ansiosa por salir a la superficie.
-Se lo tienes que decir a la tía…-le había dicho con insidia.
Teresita notó que sus piernas le temblaban mientras una mezcla de temor y repulsión hacia la intrusa le corría por las venas. Esa noche no pudo dormir, se sentía oprimida, atrapada nuevamente en el caos de la malevolencia. A la mañana siguiente consultó su dilema con Miriam, la única amiga que creía tener en la escuela.
-Lo peor es que no les puedo avisar porque una de ellas es militante… ¿qué tal si no es cierto y me busco un problema?
-¿Y por qué motivos les avisarías? ¿Acaso tú eres tortillera? -le había dicho asombrada.
Estaba sola, Miriam era solamente una ilusión que sus esporádicas necesidades humanas la impulsaron a idealizar. Días después la tía la llamó a la cocina, por sus ojos de inquisidora enseguida entendió que un temporal estaba a la vuelta de la esquina.
-Teresita… -comenzó diciendo tomándola de una mano-… yo sé que tienes miedo, pero tienes que decirme la verdad… ¿quién te dijo lo de Eloísa?
Teresita no la miraba, con la cabeza agachada jugaba con el pie derecho a espantar el interrogatorio. La tía esperaba, acariciándole los dedos insistentemente para ganarse su confianza.
-Nadie… -mintió sin levantar la vista.
-Pero a mí me dijeron que alguien te había dicho que ella y la otra estaban haciendo cosas en el patio…
-¿Quién se lo dijo? -preguntó con el corazón afuera.
-Vamos Teresita, tú sabes muy bien quién me lo dijo…-contestó la tía con suavidad.
-A mí nadie me ha dicho nada… eso es un invento de Miriam…
-Ah… y si no es cierto… ¿cómo sabes que fue Miriam quien me vino con el cuento, eh?…
Teresita estaba de pronto realmente comprometida, de modo que se le ocurrió mentir otra vez, como siempre le sucedía cuando era vilipendiada como ahora.
-Lo que pasa que fue ella la que me dijo eso… no fui yo…
La tía la miró iracunda, con ganas de agarrarla por el cuello y exprimirle el cerebro.
-Mira niña… esto se escapa de mis manos, así que lo paso a la Dirección… pero no te preocupes, si dices la verdad yo te apoyaré… sé muy bien que esas dos están en algo…ahora vete.
¿Le había dicho esto con afecto, o alucinaba? De lo que sí estaba consciente era que la llevaban al paredón, por eso los días que le siguieron a este incidente los pasó arrinconada, perdida en el campo de deportes y apartada de todo el mundo, algo así como si fuera una bacteria contaminante que se auto aislaba para evitar ser aniquilada. Demás está decir que a Miriam la trasladaron de inmediato de aula, ese fue el primer síntoma que le advirtió que algo se fraguaba. Así que esperó, con la impaciencia y la resignación de lo irremediable, aunque lo que más recuerda de esos días eran las ganas de morir y asesinar a Miriam por intrigante y desleal.
Ahora estaba allí, en aquella oficina solitaria esperando a la makarenko, y se puede decir que ya no sentía nada, ni miedo, ni nerviosismo, sencillamente una indiferencia absoluta. Cuando estaba mirando el librero para determinar los títulos entró la mujer, se sentó protocolarmente y empezó a hurgar en su maletín. Con papel y lápiz en la mano levantó la mirada hacia ella y le hizo la primera pregunta.
-¿Eres Teresa Hernández, no?
Tenía ojos de lechuza, muy redondos y con párpados inflamados. El uniforme le quedaba ancho y como estaba almidonado, parecía estar metida dentro de una caja de cartón. Su flaquencia la hacía parecer desvalida, pero en realidad era una persona amargada que cada vez que podía crucificaba a los alumnos.
-Sí… Hernández de Varela…
-¿Tienes idea del por qué te hemos mandado a llamar?
-No…-contestó Teresita con frialdad.
La mujer se le quedó observando con una mirada plana, desprovista de emociones, sin parpadear ni un instante. Consultó su agenda y prosiguió:
-Bueno, yo creo que sí lo sabes… -le dijo después de unos minutos-… pero vayamos al grano… aquí en este informe dice que te has negado a colaborar con nosotros… y que además has culpado a una de tus compañeras de haber hecho un comentario del que tú eres responsable… ¿me equivoco?
-Sí, se equivoca… si se refiere a lo de Miriam, ella fue la que dijo eso de Eloísa…
-¡¿Cómo puedes ser tan mentirosa?! -gritó la makarenko tirando su agenda contra la mesita- ¡Sabemos positivamente que alguien de otro albergue te vino con la historia y tú se lo contaste a Miriam! Por si no lo sabías, Miriam está propuesta para engrosar las filas de la UJC en cuanto tenga la edad por su expediente impecable… es una gran revolucionaria… ¿y piensas que te vamos a creer a ti, que has sido trasladada de otro plantel por conflictiva? ¿Te piensas que porque eres sobrina de un ministro vamos a permitir tu indisciplina?
A Teresita se le empezó a poner la carne de gallina, no se quería imaginar delante de su tío ni de su madre, como aquella vez del informe psiquiátrico que determinaría el primer traslado de plantel. Aún así, se mantuvo firme en su versión de los hechos y no permitió ser manipulada por el chantaje de la makarenko, que de pronto se había puesto gris como un tornado.
-Escúchame lo que te voy a decir, Teresa… -prosiguió tratando de controlarse-… vamos a tener una reunión en el albergue con todas tus compañeras… y nos vas a decir el nombre de la persona que vio a Eloísa haciendo cochinadas en el patio… es más, de eso depende de que entres en la EIDE… ya una vez estuvimos a punto de expulsarte y si no lo hicimos, fue por consideraciones con tu familia… y si no quieres que este asunto llegue a sus oídos te advierto que cooperes… ¿me has entendido?
Teresita se sentía extrañamente tranquila. Vio como la makarenko comenzó a guardar sus cosas en el maletín, se levantaba de la silla, se alisaba el uniforme, se acomodaba los rizos y se iba de la habitación sin decir ni adiós, cerrando la puerta tras de sí con violencia. Como si estuviera en la biblioteca, Teresita, que al día siguiente cumpliría catorce años, se dirigió al librero y se dedicó en la siguiente hora a hojear las poesías de José Martí. Dos semanas después sería expulsada y trasladada para otro plantel, en donde enmarañadas historias la harían comparecer nuevamente ante los implacables jueces de la Revolución.
Carmen Karin Aldrey
de su libro inédito "Teresa o las huellas"
1/29/09
1/28/09
No estoy haciendo una crítica de la película Che el argentino, para eso están los profesionales con su visión muy personal y el conocimiento que se supone tengan para enjuiciar, digamos más bien, valorar cinematografías. Para eso también está el propio Steven Soderbergh -que bajo mi punto de vista perdió las luces con este film- e incluso Benicio del Toro, que seguramente después de sudar a mares esperando por la aprobación de La Habana y el dictamen plenipotenciario de otro Guevara, se fue a la presentación del film a la tierra donde yacen las incontables víctimas del castrismo. En definitiva, ni Benicio ni Steven son cubanos, qué más da si el Che fue para ellos lo que concibieron en la cinta o si le han dado la espalda a la desgracia que ha vivido el pueblo cubano por cincuenta años, especialmente presentando una película en la ciudad de Miami sobre un individuo que hizo mucho daño a Cuba. No sería la primera vez que de alguna u otra manera se menospreciara a la diáspora, ante todo cuentan las finanzas y la fama y no hay tiempo en este mundo tan convulso para compadecer y abogar por los desafortunados. Otras veces se han repetido en la Historia hechos similares y se han filmado cintas sobre Hitler, Castro, Lenin, o Perón, con tendencias reivindicadoras, pero como ya he dicho, es frecuente que se haga uso de la libertad de expresión con inconsciencia o desparpajo.
La copia de la película la recibimos a través de una amiga, me sentía realmente curiosa por ver cuál había sido la imagen del famoso guerrillero heroico -hoy por hoy el icono más comercial del mercadeo turístico- que tanto Steven como Benicio habían enmaquetado. En la película se muestra a un Che pausado, coherente, es decir, un personaje equilibrado, amable, de severidad paternal, que dista mucho de la realidad, incluso en las escenas de su discurso en la Naciones Unidas se sublimiza su proyección, independientemente que a nivel cinematográfico, quizá sean éstas las mejores logradas de todo el film. Si tomamos como referencia, por ejemplo, su otro discurso Sobre la Bestialidad Imperialista, ahí veremos un Che vehemente, apasionado, sin etiquetas, no al comedido diplomático que se nos quiere presentar. Si Benicio y Steven nunca tuvieron la oportunidad de conocer personalmente al Che, yo sí, y lo he recordado desde siempre como un individuo arrogante, en ocasiones histérico, quizás por sus asfixias. Es característica de los asmáticos perder la paciencia y desesperarse por la dificultad que tienen al respirar, y me toca de cerca, porque tenía asmáticos en mi familia y sé muy bien la irritación que se sufre en las crisis… y el Che era un asmático crónico que incluso bajo la influencia de los medicamentos (se pueden mencionar los efectos secundarios, como pueden ser la nerviosidad, ansiedad, náuseas, taquicardia e insomnio) tomaba decisiones precipitadas, como la toma de Santa Clara, donde pasó por alto el plan inicial de entrar a la ciudad con Camilo Cienfuegos por dos frentes. Para un individuo de a pie con esta enfermedad, la vida es muy difícil y marginal, su cotidianeidad sufre unas limitantes increíbles y por sistema tiene que estar visitando los hospitales con frecuencia, por tanto necesita de toda una infraestructura que le garantice paz y tranquilidad y así poder sobrellevar en mejores circunstancias su estado. Para alguien con asma en plena selva subtropical, sufriendo los embates de la humedad, los calores excesivos, la lluvia, las largas caminatas a través de las montañas -a contra reloj y cargando mochila, accesorios y armas- la falta de alimentación apropiada, más la imposibilidad de acudir a especialistas con periodicidad, se le triplican las dificultades y con ello el mal se convierte en un arma letal contra sí mismo, desdoblándole la personalidad, hundiéndole en profundas depresiones, e incluso nublándole la capacidad de decisión, de actuación y liderazgo. Si en algo fue heroico Ernesto Guevara, lo mismo en Cuba como en Bolivia, sin dudas fue en su resistencia al mantenerse en las filas de la insurrección a pesar de tener esas limitaciones físicas.
La imagen humanista y visionaria del Che en este film carece de respaldo, a no ser del oficialista, ocupado en diseñar un rostro carismático para amurallar sus delitos políticos y desastres económicos, y el mostrado por una izquierda que dejó de tener una guía, o un modelo a seguir, a partir de la caída del Muro de Berlín y que necesita del ídolo para cauterizar la sensación de desamparo ideológico. Puede que el Che fuera un soñador, un rebelde lleno de fantasías aventureras en su temprana juventud, y hasta quizás un efecto por defecto que lo llevó a relacionarse directamente con la pobreza y corrupción latinoamericanas y con otros soñadores -o ambiciosos- como él, pero nunca fue un humanista como se pretende y mucho menos un visionario, de hecho casi todas sus guerras personales y campañas militares fueron un fracaso, todas sus gestiones administrativas inoperantes, todos sus esfuerzos por prevalecer se convirtieron en pasajes oscuros supeditados a la capilla ardiente del fidelismo, y hasta su supuesta renuncia a la revolución cubana para emigrar a “otras tierras del mundo” que reclamaban sus “modestos esfuerzos”, románticamente elaborada en una carta que se dice ni haber sido escrita por él -aunque yo personalmente no le doy confirmación a este comentario que cruza de un lado a otro en Internet- fue el episodio agónico del término de su frustrada existencia, la que nunca recibió los parabienes de los que se creía merecedora. Fue traicionado, es cierto, por aquellos que lo utilizaron -y siguen utilizando para vender souvenirs- pero esto fue consecuencia de una batalla subterránea entre poderes, del desencuentro de egos y de la sangrienta complicidad que todavía se respira en los muros de La Cabaña.
Por lo que he podido leer, las críticas a la actuación de Benicio son de las mejores, que por cierto, por ella obtuvo el premio al mejor actor en el Festival de Cannes 2008, sin embargo, teniendo como pauta la verdadera esencia del Che como persona, incluso como guerrillero, a mi me pareció indocumentada, débil, aburrida, plana y sin matices, algo que sólo salva el bien logrado vestuario y la fotografía, los cuales le imprimieron realismo al personaje. O sea, una actuación -y una dirección- sin compromiso, como si la ideología fuera sólo una abstracción vista de lejos y el personaje la voz de un canto afónico. No es el Che que conocemos los cubanos, ese que alguna vez ordenó a todo grito fusilar sin miramientos con absoluta frialdad y mala saña, no solamente a prisioneros de guerra, sino también a civiles y religiosos, sin juicios previos por considerarlos innecesarios. No es el Che que personalmente, pistola en mano, asesinó prisioneros más de una vez por el aquello de “el fin justifica los medios”. No es el Che que arengaba a los obreros en los trabajos voluntarios y se quitaba la camisa rudamente, haciendo alarde de su entrega revolucionaria a una economía que él mismo ayudó a hundir. No es el Che que prometía la libertad a los prisioneros a cambio de su dinero y salidas del país y que después los mandaba al paredón de fusilamiento incumpliendo su palabra. El santo varón, porque además la película lo muestra inmaculado, monógamo, prácticamente un sacerdote, que miraba a las mujeres de soslayo para evitar tentaciones, enseñaba –más bien obligaba- a los campesinos a aprender a leer y que ¿ignoraba? cuando estaba en la sierra, las masacres, despojos y abusos infringidos a los campesinos por parte de las tropas rebeldes y las violaciones a sus mujeres e hijas. Y un detalle curioso, un Che que nunca se enojaba, que nunca castigaba (a no ser con toda la “legalidad” correspondiente) que nunca abusó de su poder, a pesar de sostener que “el odio como factor de lucha” era la filosofía que había que tener en cuenta.
En fin, un desastre de película, por demás una primera parte –hay “amenazas” de filmar una segunda- larguísima, lentísima, de un oportunismo sin precedentes y una imperdonable ofensa a Cuba, víctima del mito mercenario que junto a los Castros dejó en los primeros años de la utopía, una estela de terror, orfandad, amargura y desarraigo en el alma de cientos de familias cubanas.
Carmen Karin Aldrey
Titulo: Che, el argentino.
Género: Drama.
Nacionalidad: USA, España.
Director: Steven Soderbergh.
Reparto: Benicio Del Toro, Lou Diamond Phillips, Demián Bichir, Norman Santiago, Cristian Mercado, Julia Ormond, Jorge Perugorría, Rubén Ochandiano, Eduard Fernández, Franka Potente, Óscar Jaenada, Gaston Pauls, Carlos Bardem, Raúl Arévalo, Roberto Sanmartín, Antonio De La Torre, Jordi Mollá, Pedro Casablanc, Catalina Sandino, Joaquim De Almeida.
Entrar aquí para más información:
http://www.youtube.com/watch?v=v1-Ani0gyI4
Nota de la autora:
Originalmente había nombrado intencionalmente a Benicio: "Benecio". Ya se puede suponer el por qué. Lo hice no por faltarle el respeto ni denigrarlo, sino por la ofensiva actitud que asumió hacia el exilio cubano aquí en Miami. Pero me han dicho los amigos que hay por ahí cierto rumor sobre "defectos editoriales" en mi artículo debido a ésto y a comas excesivas, de modo que decidí eliminar ese rejuego de nombres para evitar las zancadillas anónimas, usualmente provenientes de los laberintos donde se esconden los enemigos de la decencia y la libertad, que además son expertos en desacreditar a los escritores del exilio para hacerlos menos respetables. Si me atacan pierden, al menos yo hablo con la verdad, sin necesidad de bajar los ojos. Ellos lo hacen desde una cueva, entre tinieblas, como los difuntos, encerrados en la urna mortuoria de la historia. Yo bajo el sol, la luna y las estrellas, como dice la canción, con todos los derechos constitucionales que me ofrece la Democracia.
Muchas gracias.
Karin Aldrey
La copia de la película la recibimos a través de una amiga, me sentía realmente curiosa por ver cuál había sido la imagen del famoso guerrillero heroico -hoy por hoy el icono más comercial del mercadeo turístico- que tanto Steven como Benicio habían enmaquetado. En la película se muestra a un Che pausado, coherente, es decir, un personaje equilibrado, amable, de severidad paternal, que dista mucho de la realidad, incluso en las escenas de su discurso en la Naciones Unidas se sublimiza su proyección, independientemente que a nivel cinematográfico, quizá sean éstas las mejores logradas de todo el film. Si tomamos como referencia, por ejemplo, su otro discurso Sobre la Bestialidad Imperialista, ahí veremos un Che vehemente, apasionado, sin etiquetas, no al comedido diplomático que se nos quiere presentar. Si Benicio y Steven nunca tuvieron la oportunidad de conocer personalmente al Che, yo sí, y lo he recordado desde siempre como un individuo arrogante, en ocasiones histérico, quizás por sus asfixias. Es característica de los asmáticos perder la paciencia y desesperarse por la dificultad que tienen al respirar, y me toca de cerca, porque tenía asmáticos en mi familia y sé muy bien la irritación que se sufre en las crisis… y el Che era un asmático crónico que incluso bajo la influencia de los medicamentos (se pueden mencionar los efectos secundarios, como pueden ser la nerviosidad, ansiedad, náuseas, taquicardia e insomnio) tomaba decisiones precipitadas, como la toma de Santa Clara, donde pasó por alto el plan inicial de entrar a la ciudad con Camilo Cienfuegos por dos frentes. Para un individuo de a pie con esta enfermedad, la vida es muy difícil y marginal, su cotidianeidad sufre unas limitantes increíbles y por sistema tiene que estar visitando los hospitales con frecuencia, por tanto necesita de toda una infraestructura que le garantice paz y tranquilidad y así poder sobrellevar en mejores circunstancias su estado. Para alguien con asma en plena selva subtropical, sufriendo los embates de la humedad, los calores excesivos, la lluvia, las largas caminatas a través de las montañas -a contra reloj y cargando mochila, accesorios y armas- la falta de alimentación apropiada, más la imposibilidad de acudir a especialistas con periodicidad, se le triplican las dificultades y con ello el mal se convierte en un arma letal contra sí mismo, desdoblándole la personalidad, hundiéndole en profundas depresiones, e incluso nublándole la capacidad de decisión, de actuación y liderazgo. Si en algo fue heroico Ernesto Guevara, lo mismo en Cuba como en Bolivia, sin dudas fue en su resistencia al mantenerse en las filas de la insurrección a pesar de tener esas limitaciones físicas.
La imagen humanista y visionaria del Che en este film carece de respaldo, a no ser del oficialista, ocupado en diseñar un rostro carismático para amurallar sus delitos políticos y desastres económicos, y el mostrado por una izquierda que dejó de tener una guía, o un modelo a seguir, a partir de la caída del Muro de Berlín y que necesita del ídolo para cauterizar la sensación de desamparo ideológico. Puede que el Che fuera un soñador, un rebelde lleno de fantasías aventureras en su temprana juventud, y hasta quizás un efecto por defecto que lo llevó a relacionarse directamente con la pobreza y corrupción latinoamericanas y con otros soñadores -o ambiciosos- como él, pero nunca fue un humanista como se pretende y mucho menos un visionario, de hecho casi todas sus guerras personales y campañas militares fueron un fracaso, todas sus gestiones administrativas inoperantes, todos sus esfuerzos por prevalecer se convirtieron en pasajes oscuros supeditados a la capilla ardiente del fidelismo, y hasta su supuesta renuncia a la revolución cubana para emigrar a “otras tierras del mundo” que reclamaban sus “modestos esfuerzos”, románticamente elaborada en una carta que se dice ni haber sido escrita por él -aunque yo personalmente no le doy confirmación a este comentario que cruza de un lado a otro en Internet- fue el episodio agónico del término de su frustrada existencia, la que nunca recibió los parabienes de los que se creía merecedora. Fue traicionado, es cierto, por aquellos que lo utilizaron -y siguen utilizando para vender souvenirs- pero esto fue consecuencia de una batalla subterránea entre poderes, del desencuentro de egos y de la sangrienta complicidad que todavía se respira en los muros de La Cabaña.
Por lo que he podido leer, las críticas a la actuación de Benicio son de las mejores, que por cierto, por ella obtuvo el premio al mejor actor en el Festival de Cannes 2008, sin embargo, teniendo como pauta la verdadera esencia del Che como persona, incluso como guerrillero, a mi me pareció indocumentada, débil, aburrida, plana y sin matices, algo que sólo salva el bien logrado vestuario y la fotografía, los cuales le imprimieron realismo al personaje. O sea, una actuación -y una dirección- sin compromiso, como si la ideología fuera sólo una abstracción vista de lejos y el personaje la voz de un canto afónico. No es el Che que conocemos los cubanos, ese que alguna vez ordenó a todo grito fusilar sin miramientos con absoluta frialdad y mala saña, no solamente a prisioneros de guerra, sino también a civiles y religiosos, sin juicios previos por considerarlos innecesarios. No es el Che que personalmente, pistola en mano, asesinó prisioneros más de una vez por el aquello de “el fin justifica los medios”. No es el Che que arengaba a los obreros en los trabajos voluntarios y se quitaba la camisa rudamente, haciendo alarde de su entrega revolucionaria a una economía que él mismo ayudó a hundir. No es el Che que prometía la libertad a los prisioneros a cambio de su dinero y salidas del país y que después los mandaba al paredón de fusilamiento incumpliendo su palabra. El santo varón, porque además la película lo muestra inmaculado, monógamo, prácticamente un sacerdote, que miraba a las mujeres de soslayo para evitar tentaciones, enseñaba –más bien obligaba- a los campesinos a aprender a leer y que ¿ignoraba? cuando estaba en la sierra, las masacres, despojos y abusos infringidos a los campesinos por parte de las tropas rebeldes y las violaciones a sus mujeres e hijas. Y un detalle curioso, un Che que nunca se enojaba, que nunca castigaba (a no ser con toda la “legalidad” correspondiente) que nunca abusó de su poder, a pesar de sostener que “el odio como factor de lucha” era la filosofía que había que tener en cuenta.
En fin, un desastre de película, por demás una primera parte –hay “amenazas” de filmar una segunda- larguísima, lentísima, de un oportunismo sin precedentes y una imperdonable ofensa a Cuba, víctima del mito mercenario que junto a los Castros dejó en los primeros años de la utopía, una estela de terror, orfandad, amargura y desarraigo en el alma de cientos de familias cubanas.
Carmen Karin Aldrey
Titulo: Che, el argentino.
Género: Drama.
Nacionalidad: USA, España.
Director: Steven Soderbergh.
Reparto: Benicio Del Toro, Lou Diamond Phillips, Demián Bichir, Norman Santiago, Cristian Mercado, Julia Ormond, Jorge Perugorría, Rubén Ochandiano, Eduard Fernández, Franka Potente, Óscar Jaenada, Gaston Pauls, Carlos Bardem, Raúl Arévalo, Roberto Sanmartín, Antonio De La Torre, Jordi Mollá, Pedro Casablanc, Catalina Sandino, Joaquim De Almeida.
Entrar aquí para más información:
http://www.youtube.com/watch?v=v1-Ani0gyI4
Nota de la autora:
Originalmente había nombrado intencionalmente a Benicio: "Benecio". Ya se puede suponer el por qué. Lo hice no por faltarle el respeto ni denigrarlo, sino por la ofensiva actitud que asumió hacia el exilio cubano aquí en Miami. Pero me han dicho los amigos que hay por ahí cierto rumor sobre "defectos editoriales" en mi artículo debido a ésto y a comas excesivas, de modo que decidí eliminar ese rejuego de nombres para evitar las zancadillas anónimas, usualmente provenientes de los laberintos donde se esconden los enemigos de la decencia y la libertad, que además son expertos en desacreditar a los escritores del exilio para hacerlos menos respetables. Si me atacan pierden, al menos yo hablo con la verdad, sin necesidad de bajar los ojos. Ellos lo hacen desde una cueva, entre tinieblas, como los difuntos, encerrados en la urna mortuoria de la historia. Yo bajo el sol, la luna y las estrellas, como dice la canción, con todos los derechos constitucionales que me ofrece la Democracia.
Muchas gracias.
Karin Aldrey
1/23/09
Los Judíos y las Moscas
Por Pilar Rahola
"Hay tres cosas que Alá no debería haber creado: los persas,los judíos y las moscas".
Leída así, la frase que Saddam Hussein obligaba a repetir a los niños de IraK, suena a grotesca y, por supuesto, a bárbara. En nuestra civilizada y arrogante Europa nunca diríamos algo así: nosotros no tenemos nada contra los persas, ni contra las moscas. Diré más: las moscas son pesadas pero han acabado siendo entrañables. Y, por supuesto, los persas nos caen bien.
De manera que podemos respirar tranquilos: con Saddam Hussein sólo nos une el odio a los judíos.
¿Habrá sido ese odio el que ha llevado a tantos manifestantes a quemar banderas con la estrella de David, mientras gritaban consignas a favor de Saddam? ¿Será la judeofobia el lugar simbólico común donde árabes y europeos nos encontramos, nos reconocemos y nos gustamos?
Y, ¿es esa misma judeofobia la que convierte a un déspota corrupto y violento como Arafat, en un resistente romántico? ¿La que transforma el nihilismo terrorista palestino, en una especie de nueva épica liberadora?
Sostengo, hoy y aquí, para desgracia de nuestro dual continente, capaz de crear para el mundo las bases de la democracia, y, al mismo tiempo, crear las termitas más activas que la intentaron destruir, el estalinismo y el fascismo, sostengo que estamos volviendo hacia nuestros propios demonios: hoy por hoy, sobre las bases del viejo antisemitismo exterminador que conformó nuestro pensamiento colectivo más profundo, estamos construyendo un nuevo, activo y perverso antisemitismo.
"Un antisemitismo sin judíos", que diría Pual Lendvaï. El fenómeno se está elaborando en paralelo con dos actitudes complementarias, las dos igualmente suicidas, el antiamericanismo, y la indiferencia ante la aparición y consolidación de un nuevo totalitarismo, el integrismo islámico.
Tres son, pues, las flechas que disparan hacia una misma dirección preocupante: la conformación de un pensamiento único europeo, capaz de movilizar las calles y las conciencias de Europa, y que se fundamenta en pilares destructivos.
Lo más grave, desde mi punto de vista y desde mi propia militancia progresista, es que este pensamiento único es de izquierdas.
De izquierdas es el nuevo antisemitismo europeo, disfrazado de antisionismo; de izquierdas es el panarabismo romántico que lleva a la minimización del terrorismo; y compartido con determinada derecha, de izquierdas es el feroz antiamericanismo que estamos padeciendo.
Si estamos de acuerdo en que la izquierda es quien configura las ideas con prestigio de nuestra sociedad, y que son los intelectuales de izquierda los que son reconocidos como defensores del progreso, entonces estaremos de acuerdo en que tenemos un grave problema. Hablemos de ello, del nuevo antisemitismo y de las dos patas peludas que acompañan al monstruo.
Los nuevos antisemitas no se reconocen como tales.
El antisemitismo es una expresión clásica de la extrema derecha, y, por tanto, la izquierda la aborrece y la niega. El paraguas del antisionismo, sin embargo, o directamente del antiisraelismo, son mucho más cómodos de llevar, paran bien la lluvia de la crítica y permiten un disfraz intelectualmente digerible.
De Martin Luther King es esta frase pronunciada en 1967, en su "Carta a un amigo antisionista": "Los tiempos han convertido en impopular la manifestación abierta del odio a los judíos. Siendo éste el caso, el antisemita busca nuevas formas y foros en donde poder instalar su veneno. Ahora lo esconde tras una nueva máscara. ¡Ahora no odia a los judíos, solo es antisionista!".
36 años después, la frase es más vigente que nunca, de manera que el antisionismo y la demonización feroz de Israel se han convertido en una obligación moral del pensamiento de izquierdas.
Como si en el catecismo no escrito de la izquierda existiera un dogma inquebrantable: o eres antisionista, o no eres de izquierdas. Yo misma, en mi país, soy expulsada del paraíso de la izquierda, por parte de algunos gurús del dogma, cada vez que no practico el tiro intelectual al judío.
Perdón, al sionista.
Perdón, al israelí.
¿O no es todo lo mismo en la gramática antisemita?
El resultado es el que estamos viendo. En su plasmación más tangible, la dolorosa agresión que están sufriendo comunidades judías en diversos países. Desde vetos personalizados --podría explicar duras situaciones en España-- hasta violencia física, como la que padecieron los judíos pacifistas en la ya famosa manifestación de París. Pero lo más profundo del nuevo antisemitismo se sitúa en el corazón de Tierra Santa y tiene a Israel como objetivo de tiro al plato. Israel es, hoy por hoy, una auténtica obsesión de la izquierda europea y el ejemplo más relevante de los tics fascistas que la izquierda puede presentar.
Estas son mis acusaciones:
Manipulación informativa, criminalización de la legitimidad del estado de Israel, minimización de las víctimas judías, banalización de la Shoá, e indiferencia --cuando no aplauso-- ante los estragos terroristas del integrismo.
Primero: Acuso a la izquierda de matar a la información a golpes de propaganda.
La manipulación informativa de lo que ocurre en Oriente Próximo es tan burda y excesiva que pasará a los anales del periodismo como ejemplo de intoxicación de masas. ¿Cuántos principios del periodismo se quiebran en la información que la mayoría de "medias" europeos están dando? No control de las fuentes, tergiversación y manipulación de datos, burla al principio de objetividad, indiferencia ante lo que tendría que ser el anhelo de todo informador: la verdad.
Ya sé que me dirán que la objetividad no existe, y menos en el periodismo. Pero, entre la objetividad pura y la subjetividad militante, hay un largo trecho que el periodismo serio podría recorrer. Y que, respecto a Oriente Próximo, no recorre. La gramática de este nuevo periodismo conforma el día a día de la prensa influyente de la Europa Occidental, y es tan poderosa que no se salva de ella ni la muy mitificada BBC.
Una gramática con reglas precisas:
No existen terroristas, sino milicianos;
Nunca existen víctimas judías;
Toda acción palestina es buena por naturaleza y, por supuesto, defensiva;
Toda acción israelí es sospechosa de criminalidad;
No existen los verdugos palestinos;
No existe la ingerencia internacional;
No existe la corrupción de Arafat; por no existir, no existe ni su pasado violento; y, evidentemente,
No existe la democracia israelí.
El atentado diario que la información sufre en manos de la propaganda, con total impunidad, ni es casual, ni es espontáneo. Acuso, pues, a parte de la prensa europea de manipular, mentir y cambiar las pautas de la información en Oriente Próximo.
Su neutralidad es, sin duda, una neutralidad pro-palestina.
Segundo: Acuso a la izquierda de banalizar la Shoá, tema éste que no es, en absoluto, menor.
Quedará escrito, en los murales de la vergüenza europea, la actitud de numerosos colectivos activistas, perfectamente visualizables en las manifestaciones pacifistas de estos días, y de muchos intelectuales de izquierdas, que han utilizado la tragedia del holocausto como arma arrojadiza contra Israel. El punto culminante de este desprecio profundamente cruel --lanzar contra las víctimas de la Shoá su propio martirio, es una forma de volver a matarlas-- han sido las declaraciones de Saramago en Jenín.
Al respecto, digo lo siguiente: Saramago ha sido el ejemplo más relevante de una afirmación inapelable, uno puede escribir como los ángeles y pensar como los demonios.
En 1884 Auguste Bebel ya llamó a esto "el socialismo de los imbéciles".
Pero no es solo una imbecilidad. El azar, tan extrañamente poético a veces, hace que esté escribiendo este párrafo justo ahora, cuando aún estoy bajo el impacto del Museo del Holocausto de Washington, que acabo de visitar.
Como dice ese gran constructor de la memoria que es Claude Lanzmann, la Shoá es "la muerte del alma humana".
Ante su recuerdo, ningún ciudadano del mundo puede ser indiferente. Pero, sobre todo, ningún europeo puede ser ajeno. Europa creó ese pensamiento único totalitario del cristianismo que convirtió todo un pueblo en deicida (Por cierto, después de oir las sandeces de Mel Gibson, supongo que no irán a verle nunca más al cine).
Europa fue la Inquisición española, fue Lutero asegurando que los judíos eran "una plaga en el corazón de la Tierra". Europa fue la demonización, la persecución, la culpabilización y la muerte de lo mejor de su propio cuerpo, su alma judía.
Europa fue el Vaticano y sus colaboraciones con los nazis.
Auschwitz no es una contingencia trágica de la historia. Una especie de perverso error. Auschwitz es la estación final de un largo proceso de destrucción. Por ello no es exagerado asegurar que, siendo Europa tan profundamente judía, con la Shoá se destruyó a sí misma. Lo que queda hoy de Europa son los restos del naufragio. Un continente que, secuestrado por sus propios demonios, perdió la dignidad.
Por eso banalizar la Shoá es algo tan brutal y perverso. Hacerlo, además, desde la izquierda, la que tendría que ser la vígia más rotunda de la justicia y la libertad, es un acto de traición. De traición a la memoria trágica de Europa.
¿Es el síntoma de un nuevo antisemitismo? Sin ninguna duda: minimizando el holocausto, se reduce la dimensión de la tragedia, se relativiza la culpa europea y lo judío vuelve a ser sospechoso, poderoso y peligroso. Ya no existe la víctima judía, existe el soldado israelí que mata niños en Belén, metáfora moderna del judío medieval que bebía la sangre de niños cristianos. Esa relación entre el judío medieval malvado y el malvado soldado israelí resulta placentera para la culpa europea. La izquierda establece esa relación incluso inconscientemente, de manera que podemos decir que la ortodoxia cristiana y la izquierda ortodoxa también cohabitan felizmente en el territorio inhóspito del antisemitismo.
Acuso, pues, a la izquierda de traición a la memoria trágica de Europa.
Tercero: Acuso a la izquierda de minimizar, justificar e incluso elogiar un nuevo totalitarismo que amenaza seriamente a la libertad: el nihilismo terrorista islámico.
Los ejemplos son escandalosos: indiferencia ante atentados graves como la bomba de AMIA en Argentina, o el atentado contra las Torres Gemelas, considerado, por parte de la izquierda, casi como responsabilidad americana a causa de su política exterior. Por supuesto, con culpa judía incorporada.
La exaltación del terrorismo palestino como fórmula de lucha legítima, hasta el punto de considerar aceptable la inculcación, en la sociedad palestina, y globalmente, en muchas de las sociedades islámicas, de una cultura fatalista del odio y la muerte, cultura que es, sin duda, totalitaria.
El buen amigo Marcos Aguinis llama a ello "un retroceso de la izquierda hacia la antimodernidad". Mientras perdona las bombas de Hamás o se manifiesta por las calles contra la intervención americana en Irak, esa misma izquierda nunca se ha manifestado contra el integrismo que mató más de 4.000 personas en Nueva York, o contra el que ya lleva un millón de muertos en su guerra en Sudán. Tampoco he visto nunca una ONG que quiera enviar escudos humanos a las cafeterías de Tel Aviv.
Hay una solidaridad selectiva, derivada de un maniqueismo perverso que convierte a los terroristas en víctimas, y a las víctimas en culpables.
El integrismo islámico es el heredero natural de los grandes totalitarismos de la humanidad, el nazismo y el estalinismo.
Como ellos es, fundacionalmente, antisemita, y, como ellos, presenta un cuerpo doctrinal basado en el terror, la anulación de todo principio de libertad y el expansionismo sangriento. También, como ellos, actúa ante la indiferencia y/o la complicidad europeas.
Acuso, pues, a la izquierda de traicionar a la democracia perdonando al nihilismo terrorista.
Nada nuevo, sin embargo, bajo el sol de una izquierda que se ha ido enamorando de muchos de los dictadores que ha dado la historia, Stalin, Pol Pot, Fidel, ahora Arafat.
Huérfana de épicas propias, desconcertada con su maleta de sueños rotos, la izquierda mira hacia el mundo árabe buscando las resonancias de Lawrence de Arabia. Y se enamora de las guerras totales, de los cantos tribales de la revolución, quizás convencidos que entre el "revolución o muerte" del Che y el "viva la muerte" de Hamás no hay mucha diferencia.
Buscan a Lawrence de Arabia y, para desgracia de todos, aún no ha descubierto que, con quien se ha encontrado, ha sido con Bin Laden.
Y con Arafat, otro viejo autoritario, corrupto y sangriento.
Incluso, pues, a la izquierda de no considerar a las víctimas del terrorismo, de no entender la amenaza que representa el nihilismo, de traicionar, con su ceguera, a la democracia. La acuso de llorar, sólo, con el ojo izquierdo. Un ojo izquierdo que, hoy por hoy, es deliberadamente antisemita.
¿Pongo el bonito ejemplo del Forum de Porto Alegre o de Durban?
Los residuos de las revoluciones frustradas del mundo hicieron allí su lindo aquelarre. ¿El objeto de deseo? Por supuesto, los judíos. Y es que la culpa judía siempre vende bien en los mercados de la demagogia.
¿Hoy es, pues, Europa más antisemita que antes? ¿Lo es en Francia?
Hoy Europa y Francia están reinventando el antisemitismo. Lo reiventan algunos populismos de derecha con fuerte base católica, y lo reinventa la izquierda, dándole brillo y prestigio a lo que antes era pura retórica de extrema derecha. Ese nuevo antisemitismo trabaja adecuadamente el olvido y banaliza la Shoá sabiendo que el olvido siempre es una opción. De hecho, olvidarse es tener buena memoria.
Sin duda, la izquierda europea tiene una muy buena mala memoria. Y, con el olvido bien asentado en la ideología, olvida también las causas de la creación del estado de Israel, convierte su legitimidad en sospechosa y criminaliza sus actos.
Israel es, quizás, uno de los estados cuya creación tiene más base moral de cuántos estados existen.
Sin embargo, es el único estado del mundo que cada día tiene que pedir perdón por existir.
Sin ninguna duda, pues, acuso a la izquierda de poner en cuestión la legitimidad del Estado de Israel.
De ahí que sus actos sean considerados, por naturaleza, culpables. ¿No tiene que ver, con ello, la actitud ciega del Parlamento Europeo, indiferente al uso que la ANP hace del dinero público europeo? ¿Cómo es posible, me pregunto en nombre de la democracia, que sea dinero europeo el que financie las escuelas del odio donde los niños palestinos son adoctrinados en el fatalismo suicida? Siendo indiferentes somos, inequívocamente, responsables de secuestrar la tolerancia y la modernidad, y de permitir que se encadene en una espiral de odio, impotencia y venganza, a generaciones enteras de palestinos. Lo permitimos, lo financiamos y hasta lo justificamos. Lo cual nos retrotrae nuevamente a la historia. ¿Recuerdan a Hermann Broch?: la indiferencia, esa forma de violencia.
ESTE ES EL NUEVO ANTISEMITISMO:
El que no se horroriza de que el "Mein Kampf" de Hitler o los abominables "Protocolos de los Sabios de Sión" sean best-sellers en el mundo árabe. El que repite los viejos tópicos demonizadores de los judíos, especialmente desde planteamientos intelectuales.
El que se enamora de la épica totalitaria del terrorismo palestino y, llevado de un antiamericanismo patológico, se inhibe ante el peligro del integrismo islámico.
El que ha encontrado, en la excusa de Israel, un nuevo paraguas donde canalizar un viejo demonio.Acabo, pues, con esta convicción. El rompecabezas del antisemitismo se está armando de nuevo. Estas son las piezas:
Primera pieza: el subconsciente europeo, resistente a las lecciones de la historia e inmune a las vacunas que intentan matar definitivamente el virus antisemita. Europa se ha librado de su piel judía, pero no lo ha hecho de su viejo odio.
Segunda pieza: un neo-catolicismo populista, más o menos extremo, que también se asienta en una base judeofoba.
Tercera pieza: un pensamiento de izquierdas que, sin haber hecho las paces con su pasado totalitario, se enamora de nuevas épicas también totalitarias. Asienta, así, las bases del antisemitismo más peligroso, porque la izquierda le da prestigio, le da cobertura intelectual y o arma ideológicamente.
Cuarta pieza: el antiamericanismo europeo, derivado del doble complejo que arrastra Europa. Un gran complejo de superioridad, no en vano es la cuna de la modernidad; y un enorme complejo de inferioridad, puesto que es incapaz de resolver ni una sola de sus propias tragedias. Por supuesto, el antiamericanismo es, por definición, antisionista.
Quinta pieza: el integrismo islámico, ideología totalitaria y nihilista, claramente enemiga de la modernidad, y cuya base fundacional es el antisemitismo. Cabe decir que el hecho de que 1.200 millones de musulmanes vivan en tiranías teocráticas, no facilita para nada la lucha contra la judeofobia. Territorio común, pues, de más de un dogmatismo maniqueo, la judeofobia actual encuentra nuevos camuflajes, crece y se asienta. Hoy, aquí, ante la Unesco, amparada por ese ejemplo de heroicidad, tenacidad y dignidad que es el Centro Simon Wiesenthal, acuso a la izquierda europea, mi izquierda, de ser la cobertura intelectual del nuevo antisemitismo que existe en Europa.
UNA IZQUIERDA QUE SE TRAICIONA A SÍ MISMA, TRAICIONANDO A LA DEMOCRACIA
Nuevamente en Europa ser judío empieza a ser difícil. Y eso que la Europa más europea que ha existido nunca ha sido la Europa judía. Nuestra tendencia al suicidio es, desgraciadamente, patológica. Lo denuncio porque soy europea. Y, como tal, me siento judía ante el antisemitismo, única posición moral que redime a un europeo de su pasado de vergüenza.
Gracias por invitarme
Shalom
"Hay tres cosas que Alá no debería haber creado: los persas,los judíos y las moscas".
Leída así, la frase que Saddam Hussein obligaba a repetir a los niños de IraK, suena a grotesca y, por supuesto, a bárbara. En nuestra civilizada y arrogante Europa nunca diríamos algo así: nosotros no tenemos nada contra los persas, ni contra las moscas. Diré más: las moscas son pesadas pero han acabado siendo entrañables. Y, por supuesto, los persas nos caen bien.
De manera que podemos respirar tranquilos: con Saddam Hussein sólo nos une el odio a los judíos.
¿Habrá sido ese odio el que ha llevado a tantos manifestantes a quemar banderas con la estrella de David, mientras gritaban consignas a favor de Saddam? ¿Será la judeofobia el lugar simbólico común donde árabes y europeos nos encontramos, nos reconocemos y nos gustamos?
Y, ¿es esa misma judeofobia la que convierte a un déspota corrupto y violento como Arafat, en un resistente romántico? ¿La que transforma el nihilismo terrorista palestino, en una especie de nueva épica liberadora?
Sostengo, hoy y aquí, para desgracia de nuestro dual continente, capaz de crear para el mundo las bases de la democracia, y, al mismo tiempo, crear las termitas más activas que la intentaron destruir, el estalinismo y el fascismo, sostengo que estamos volviendo hacia nuestros propios demonios: hoy por hoy, sobre las bases del viejo antisemitismo exterminador que conformó nuestro pensamiento colectivo más profundo, estamos construyendo un nuevo, activo y perverso antisemitismo.
"Un antisemitismo sin judíos", que diría Pual Lendvaï. El fenómeno se está elaborando en paralelo con dos actitudes complementarias, las dos igualmente suicidas, el antiamericanismo, y la indiferencia ante la aparición y consolidación de un nuevo totalitarismo, el integrismo islámico.
Tres son, pues, las flechas que disparan hacia una misma dirección preocupante: la conformación de un pensamiento único europeo, capaz de movilizar las calles y las conciencias de Europa, y que se fundamenta en pilares destructivos.
Lo más grave, desde mi punto de vista y desde mi propia militancia progresista, es que este pensamiento único es de izquierdas.
De izquierdas es el nuevo antisemitismo europeo, disfrazado de antisionismo; de izquierdas es el panarabismo romántico que lleva a la minimización del terrorismo; y compartido con determinada derecha, de izquierdas es el feroz antiamericanismo que estamos padeciendo.
Si estamos de acuerdo en que la izquierda es quien configura las ideas con prestigio de nuestra sociedad, y que son los intelectuales de izquierda los que son reconocidos como defensores del progreso, entonces estaremos de acuerdo en que tenemos un grave problema. Hablemos de ello, del nuevo antisemitismo y de las dos patas peludas que acompañan al monstruo.
Los nuevos antisemitas no se reconocen como tales.
El antisemitismo es una expresión clásica de la extrema derecha, y, por tanto, la izquierda la aborrece y la niega. El paraguas del antisionismo, sin embargo, o directamente del antiisraelismo, son mucho más cómodos de llevar, paran bien la lluvia de la crítica y permiten un disfraz intelectualmente digerible.
De Martin Luther King es esta frase pronunciada en 1967, en su "Carta a un amigo antisionista": "Los tiempos han convertido en impopular la manifestación abierta del odio a los judíos. Siendo éste el caso, el antisemita busca nuevas formas y foros en donde poder instalar su veneno. Ahora lo esconde tras una nueva máscara. ¡Ahora no odia a los judíos, solo es antisionista!".
36 años después, la frase es más vigente que nunca, de manera que el antisionismo y la demonización feroz de Israel se han convertido en una obligación moral del pensamiento de izquierdas.
Como si en el catecismo no escrito de la izquierda existiera un dogma inquebrantable: o eres antisionista, o no eres de izquierdas. Yo misma, en mi país, soy expulsada del paraíso de la izquierda, por parte de algunos gurús del dogma, cada vez que no practico el tiro intelectual al judío.
Perdón, al sionista.
Perdón, al israelí.
¿O no es todo lo mismo en la gramática antisemita?
El resultado es el que estamos viendo. En su plasmación más tangible, la dolorosa agresión que están sufriendo comunidades judías en diversos países. Desde vetos personalizados --podría explicar duras situaciones en España-- hasta violencia física, como la que padecieron los judíos pacifistas en la ya famosa manifestación de París. Pero lo más profundo del nuevo antisemitismo se sitúa en el corazón de Tierra Santa y tiene a Israel como objetivo de tiro al plato. Israel es, hoy por hoy, una auténtica obsesión de la izquierda europea y el ejemplo más relevante de los tics fascistas que la izquierda puede presentar.
Estas son mis acusaciones:
Manipulación informativa, criminalización de la legitimidad del estado de Israel, minimización de las víctimas judías, banalización de la Shoá, e indiferencia --cuando no aplauso-- ante los estragos terroristas del integrismo.
Primero: Acuso a la izquierda de matar a la información a golpes de propaganda.
La manipulación informativa de lo que ocurre en Oriente Próximo es tan burda y excesiva que pasará a los anales del periodismo como ejemplo de intoxicación de masas. ¿Cuántos principios del periodismo se quiebran en la información que la mayoría de "medias" europeos están dando? No control de las fuentes, tergiversación y manipulación de datos, burla al principio de objetividad, indiferencia ante lo que tendría que ser el anhelo de todo informador: la verdad.
Ya sé que me dirán que la objetividad no existe, y menos en el periodismo. Pero, entre la objetividad pura y la subjetividad militante, hay un largo trecho que el periodismo serio podría recorrer. Y que, respecto a Oriente Próximo, no recorre. La gramática de este nuevo periodismo conforma el día a día de la prensa influyente de la Europa Occidental, y es tan poderosa que no se salva de ella ni la muy mitificada BBC.
Una gramática con reglas precisas:
No existen terroristas, sino milicianos;
Nunca existen víctimas judías;
Toda acción palestina es buena por naturaleza y, por supuesto, defensiva;
Toda acción israelí es sospechosa de criminalidad;
No existen los verdugos palestinos;
No existe la ingerencia internacional;
No existe la corrupción de Arafat; por no existir, no existe ni su pasado violento; y, evidentemente,
No existe la democracia israelí.
El atentado diario que la información sufre en manos de la propaganda, con total impunidad, ni es casual, ni es espontáneo. Acuso, pues, a parte de la prensa europea de manipular, mentir y cambiar las pautas de la información en Oriente Próximo.
Su neutralidad es, sin duda, una neutralidad pro-palestina.
Segundo: Acuso a la izquierda de banalizar la Shoá, tema éste que no es, en absoluto, menor.
Quedará escrito, en los murales de la vergüenza europea, la actitud de numerosos colectivos activistas, perfectamente visualizables en las manifestaciones pacifistas de estos días, y de muchos intelectuales de izquierdas, que han utilizado la tragedia del holocausto como arma arrojadiza contra Israel. El punto culminante de este desprecio profundamente cruel --lanzar contra las víctimas de la Shoá su propio martirio, es una forma de volver a matarlas-- han sido las declaraciones de Saramago en Jenín.
Al respecto, digo lo siguiente: Saramago ha sido el ejemplo más relevante de una afirmación inapelable, uno puede escribir como los ángeles y pensar como los demonios.
En 1884 Auguste Bebel ya llamó a esto "el socialismo de los imbéciles".
Pero no es solo una imbecilidad. El azar, tan extrañamente poético a veces, hace que esté escribiendo este párrafo justo ahora, cuando aún estoy bajo el impacto del Museo del Holocausto de Washington, que acabo de visitar.
Como dice ese gran constructor de la memoria que es Claude Lanzmann, la Shoá es "la muerte del alma humana".
Ante su recuerdo, ningún ciudadano del mundo puede ser indiferente. Pero, sobre todo, ningún europeo puede ser ajeno. Europa creó ese pensamiento único totalitario del cristianismo que convirtió todo un pueblo en deicida (Por cierto, después de oir las sandeces de Mel Gibson, supongo que no irán a verle nunca más al cine).
Europa fue la Inquisición española, fue Lutero asegurando que los judíos eran "una plaga en el corazón de la Tierra". Europa fue la demonización, la persecución, la culpabilización y la muerte de lo mejor de su propio cuerpo, su alma judía.
Europa fue el Vaticano y sus colaboraciones con los nazis.
Auschwitz no es una contingencia trágica de la historia. Una especie de perverso error. Auschwitz es la estación final de un largo proceso de destrucción. Por ello no es exagerado asegurar que, siendo Europa tan profundamente judía, con la Shoá se destruyó a sí misma. Lo que queda hoy de Europa son los restos del naufragio. Un continente que, secuestrado por sus propios demonios, perdió la dignidad.
Por eso banalizar la Shoá es algo tan brutal y perverso. Hacerlo, además, desde la izquierda, la que tendría que ser la vígia más rotunda de la justicia y la libertad, es un acto de traición. De traición a la memoria trágica de Europa.
¿Es el síntoma de un nuevo antisemitismo? Sin ninguna duda: minimizando el holocausto, se reduce la dimensión de la tragedia, se relativiza la culpa europea y lo judío vuelve a ser sospechoso, poderoso y peligroso. Ya no existe la víctima judía, existe el soldado israelí que mata niños en Belén, metáfora moderna del judío medieval que bebía la sangre de niños cristianos. Esa relación entre el judío medieval malvado y el malvado soldado israelí resulta placentera para la culpa europea. La izquierda establece esa relación incluso inconscientemente, de manera que podemos decir que la ortodoxia cristiana y la izquierda ortodoxa también cohabitan felizmente en el territorio inhóspito del antisemitismo.
Acuso, pues, a la izquierda de traición a la memoria trágica de Europa.
Tercero: Acuso a la izquierda de minimizar, justificar e incluso elogiar un nuevo totalitarismo que amenaza seriamente a la libertad: el nihilismo terrorista islámico.
Los ejemplos son escandalosos: indiferencia ante atentados graves como la bomba de AMIA en Argentina, o el atentado contra las Torres Gemelas, considerado, por parte de la izquierda, casi como responsabilidad americana a causa de su política exterior. Por supuesto, con culpa judía incorporada.
La exaltación del terrorismo palestino como fórmula de lucha legítima, hasta el punto de considerar aceptable la inculcación, en la sociedad palestina, y globalmente, en muchas de las sociedades islámicas, de una cultura fatalista del odio y la muerte, cultura que es, sin duda, totalitaria.
El buen amigo Marcos Aguinis llama a ello "un retroceso de la izquierda hacia la antimodernidad". Mientras perdona las bombas de Hamás o se manifiesta por las calles contra la intervención americana en Irak, esa misma izquierda nunca se ha manifestado contra el integrismo que mató más de 4.000 personas en Nueva York, o contra el que ya lleva un millón de muertos en su guerra en Sudán. Tampoco he visto nunca una ONG que quiera enviar escudos humanos a las cafeterías de Tel Aviv.
Hay una solidaridad selectiva, derivada de un maniqueismo perverso que convierte a los terroristas en víctimas, y a las víctimas en culpables.
El integrismo islámico es el heredero natural de los grandes totalitarismos de la humanidad, el nazismo y el estalinismo.
Como ellos es, fundacionalmente, antisemita, y, como ellos, presenta un cuerpo doctrinal basado en el terror, la anulación de todo principio de libertad y el expansionismo sangriento. También, como ellos, actúa ante la indiferencia y/o la complicidad europeas.
Acuso, pues, a la izquierda de traicionar a la democracia perdonando al nihilismo terrorista.
Nada nuevo, sin embargo, bajo el sol de una izquierda que se ha ido enamorando de muchos de los dictadores que ha dado la historia, Stalin, Pol Pot, Fidel, ahora Arafat.
Huérfana de épicas propias, desconcertada con su maleta de sueños rotos, la izquierda mira hacia el mundo árabe buscando las resonancias de Lawrence de Arabia. Y se enamora de las guerras totales, de los cantos tribales de la revolución, quizás convencidos que entre el "revolución o muerte" del Che y el "viva la muerte" de Hamás no hay mucha diferencia.
Buscan a Lawrence de Arabia y, para desgracia de todos, aún no ha descubierto que, con quien se ha encontrado, ha sido con Bin Laden.
Y con Arafat, otro viejo autoritario, corrupto y sangriento.
Incluso, pues, a la izquierda de no considerar a las víctimas del terrorismo, de no entender la amenaza que representa el nihilismo, de traicionar, con su ceguera, a la democracia. La acuso de llorar, sólo, con el ojo izquierdo. Un ojo izquierdo que, hoy por hoy, es deliberadamente antisemita.
¿Pongo el bonito ejemplo del Forum de Porto Alegre o de Durban?
Los residuos de las revoluciones frustradas del mundo hicieron allí su lindo aquelarre. ¿El objeto de deseo? Por supuesto, los judíos. Y es que la culpa judía siempre vende bien en los mercados de la demagogia.
¿Hoy es, pues, Europa más antisemita que antes? ¿Lo es en Francia?
Hoy Europa y Francia están reinventando el antisemitismo. Lo reiventan algunos populismos de derecha con fuerte base católica, y lo reinventa la izquierda, dándole brillo y prestigio a lo que antes era pura retórica de extrema derecha. Ese nuevo antisemitismo trabaja adecuadamente el olvido y banaliza la Shoá sabiendo que el olvido siempre es una opción. De hecho, olvidarse es tener buena memoria.
Sin duda, la izquierda europea tiene una muy buena mala memoria. Y, con el olvido bien asentado en la ideología, olvida también las causas de la creación del estado de Israel, convierte su legitimidad en sospechosa y criminaliza sus actos.
Israel es, quizás, uno de los estados cuya creación tiene más base moral de cuántos estados existen.
Sin embargo, es el único estado del mundo que cada día tiene que pedir perdón por existir.
Sin ninguna duda, pues, acuso a la izquierda de poner en cuestión la legitimidad del Estado de Israel.
De ahí que sus actos sean considerados, por naturaleza, culpables. ¿No tiene que ver, con ello, la actitud ciega del Parlamento Europeo, indiferente al uso que la ANP hace del dinero público europeo? ¿Cómo es posible, me pregunto en nombre de la democracia, que sea dinero europeo el que financie las escuelas del odio donde los niños palestinos son adoctrinados en el fatalismo suicida? Siendo indiferentes somos, inequívocamente, responsables de secuestrar la tolerancia y la modernidad, y de permitir que se encadene en una espiral de odio, impotencia y venganza, a generaciones enteras de palestinos. Lo permitimos, lo financiamos y hasta lo justificamos. Lo cual nos retrotrae nuevamente a la historia. ¿Recuerdan a Hermann Broch?: la indiferencia, esa forma de violencia.
ESTE ES EL NUEVO ANTISEMITISMO:
El que no se horroriza de que el "Mein Kampf" de Hitler o los abominables "Protocolos de los Sabios de Sión" sean best-sellers en el mundo árabe. El que repite los viejos tópicos demonizadores de los judíos, especialmente desde planteamientos intelectuales.
El que se enamora de la épica totalitaria del terrorismo palestino y, llevado de un antiamericanismo patológico, se inhibe ante el peligro del integrismo islámico.
El que ha encontrado, en la excusa de Israel, un nuevo paraguas donde canalizar un viejo demonio.Acabo, pues, con esta convicción. El rompecabezas del antisemitismo se está armando de nuevo. Estas son las piezas:
Primera pieza: el subconsciente europeo, resistente a las lecciones de la historia e inmune a las vacunas que intentan matar definitivamente el virus antisemita. Europa se ha librado de su piel judía, pero no lo ha hecho de su viejo odio.
Segunda pieza: un neo-catolicismo populista, más o menos extremo, que también se asienta en una base judeofoba.
Tercera pieza: un pensamiento de izquierdas que, sin haber hecho las paces con su pasado totalitario, se enamora de nuevas épicas también totalitarias. Asienta, así, las bases del antisemitismo más peligroso, porque la izquierda le da prestigio, le da cobertura intelectual y o arma ideológicamente.
Cuarta pieza: el antiamericanismo europeo, derivado del doble complejo que arrastra Europa. Un gran complejo de superioridad, no en vano es la cuna de la modernidad; y un enorme complejo de inferioridad, puesto que es incapaz de resolver ni una sola de sus propias tragedias. Por supuesto, el antiamericanismo es, por definición, antisionista.
Quinta pieza: el integrismo islámico, ideología totalitaria y nihilista, claramente enemiga de la modernidad, y cuya base fundacional es el antisemitismo. Cabe decir que el hecho de que 1.200 millones de musulmanes vivan en tiranías teocráticas, no facilita para nada la lucha contra la judeofobia. Territorio común, pues, de más de un dogmatismo maniqueo, la judeofobia actual encuentra nuevos camuflajes, crece y se asienta. Hoy, aquí, ante la Unesco, amparada por ese ejemplo de heroicidad, tenacidad y dignidad que es el Centro Simon Wiesenthal, acuso a la izquierda europea, mi izquierda, de ser la cobertura intelectual del nuevo antisemitismo que existe en Europa.
UNA IZQUIERDA QUE SE TRAICIONA A SÍ MISMA, TRAICIONANDO A LA DEMOCRACIA
Nuevamente en Europa ser judío empieza a ser difícil. Y eso que la Europa más europea que ha existido nunca ha sido la Europa judía. Nuestra tendencia al suicidio es, desgraciadamente, patológica. Lo denuncio porque soy europea. Y, como tal, me siento judía ante el antisemitismo, única posición moral que redime a un europeo de su pasado de vergüenza.
Gracias por invitarme
Shalom
1/21/09
1/20/09
París bien vale un tango de bienvenida

No preguntes dónde está el Sur, esa lengua larga que toca el Antártico y se abisma por los despeñaderos de hielo. Ahora es el filibustero masturbándose con el asta de una bandera de papel, salta del avión con risa de aniversario mientras baja a la nube de otra mentira. Pero qué más da, el bandoneón llora como siempre, en el centro del mundo izan la penumbra, danzan los pliegos de sal donde las playas se estremecen, la orgía de muertes cruza los océanos. Pero el Sur llena la maleta de indiferencia, una estrella cae en picada y con su filo corta la esperanza, el oro negro vale más que los hombres. París bien vale un tango de bienvenida.
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