8/23/20

Amigas mías



                                                                                                                  Ellas son entrañables

 como las velas para los espíritus.

 

Oración ante mi altar

 

 

Amigas mías

que están en los cielos:

no pudieron cambiar el mundo,

las querían ciegas

los que lamían el tiempo

para robar su caudal.

No cambiará, amigas mías,

para ustedes será siempre azul

desde el nirvana supremo

aunque el sol se trague la atmósfera

una mañana de recuerdos

que quizás sirvieron

para mantenernos vivos.

 

Al menos fuimos compañeras gentiles

de limonadas y café

en aquél portal donde los dioses descansaban

después de largas jornadas infructuosas.

Ustedes soñaban con florestas imposibles

que languidecían poco a poco,

yo con libertades lejanas.

 

Te recuerdo Inésmaría

en el momento de conspirar y reir.

Te recuerdo Dulcemaría

en el momento de amar y huir.

Te recuerdo Sara

en el momento de agradecer y respirar.

 

Amén.


(Imagen: La casa del Vedado donde crecí.

La foto la tiró Karen Yelin a petición mía cuando estuvo en La Habana) 

 

7/7/20

Poemario Luna Roja





"Me complace presentar el video premiere del poemario “Luna Roja”, de Carmen Karin Aldrey. Un premio para mí el trabajo de edición y publicación. Lo he disfrutado mucho porque no sólo fue una lectura metódica de sus páginas, si no que terminada la edición, su lectura continúa seduciéndome. He ingresado a la narrativa y he sido parte de ella, como cuando de niña tenía la facultad de entrar a los libros y vivir las historias. Con Luna Roja he sido, desde la propia luna lumbrona y sediciosa, pasando por gato de overtown, espíritu de Mata-Hari, un chico en Kinlay House riéndole al destino, Martha Jane, Halle Berry…, hasta llegar ser “un animal que mira a las estrellas”. Si ahora mismo digo quien soy, estaré pensando que soy un yo enriquecido que ha bebido la poción hechizada de unas páginas y que lo hice caminando hacia el pasado, el puente sobre las aguas del Shannon, mientras la luna roja escapaba entre las nubes."

María Eugenia Caseiro


7/6/20

Oh... sí...




Oh... sí...
todavía los días son muy hermosos
incluso si llueve
eso no ha cambiado.
Por la ventana
entra el polvo ferroso de Calima
el Sol sigue siendo ese astro intocable
que alimenta los árboles y nos ayuda a existir
la Tierra no se detiene
sigue amando a la Luna
y con ella morirá algún día.
Los poetas hablan y hablan
los científicos hablan y hablan
los dioses hablan y hablan
las selvas hablan y hablan...
¿quiénes
-aparte de los mismos de siempre-
los escuchan?
Recuerdo cuando el cerebro era una esponja
y el corazón un almacén de latidos
ahora ambos se han ido de viaje
están cada vez más lejos
decidieron esconderse entre las brumas
para olvidar los fracasos.
Por suerte mis perros saben hablar
me consuelan con la mirada cuando despierto
saben que nos iremos juntos
hacia la inexistencia.
El mar se desvanece en el tiempo
evita el fastido
de respirar entre paredes.  


C.K.Aldrey / foto c.k.a.

El tren la noche




El tren la noche
tu cabeza y mi hombro.
Extraños perfectos sin historia
¿para qué perder el tiempo
con vanas abstracciones
del pasado?
Las manos sin miedo
abren la ventana
en el primer resuello
de la madrugada.
¿Tenemos hambre?
¿Seudónimos?
¿Estamos sedientas?
Diana cazadora
de muelles
y aeropuertos
mis dedos te dicen quién soy.
Erase una vez un tren
que huía hacia el West
érase la luna…  

C. K. Aldrey / foto c.k.a.



Después de unos meses...




Después de unos meses
en plena exacerbación de los sentidos
de virulencias y conspiraciones anestesiantes
las criaturas con rasgos humanoides
surgieron de sus madrigueras subterráneas
y establecieron el nuevo orden.
Las estatuas desaparecieron
la Historia fue encerrada
en el sótano de museos sin puertas ni ventanas
la independencia dejó de existir.
Todos
absolutamente todos
los sobrevivientes del planeta
lucieron victoriosamente sus cuerpos verdes
semejantes a las aguas estancadas.
Arrodillados dieron las gracias
al nuevo dios que había surgido
de las profundidades hirvientes de la tierra. 

C. K. Aldrey / foto c.k.a.

6/10/20

El dolor es invisible



El dolor es invisible.

Te comprendo, Ismael.
Esa noche huías entre los arbustos
y una lanza detuvo tu fuga.
Te arrastró la corriente mansamente
amaneció tu cuerpo en las arenas del Irharhar.
¿Alguien escribió tu nombre en una piedra?

Te comprendo, Lídice.
La cárcel no es buena para nadie
mucho menos para ti
tan frágil y romántica
tan idealista y friolenta.
La nieve pegada a las rejas de tu encierro
te elevó una noche al vacío.
¿Apareció tu imagen en los diarios?

Te comprendo, Aurora.
Así como tu nombre 
fuiste la primera luz 
que entró a los reinos del olvido.
¿Quién te recuerda?
¿Quién enciende una vela a tu inexistencia?

Te comprendo, Fermín.
Los tiburones hicieron contigo un festín majestuoso
se comieron tus manos
tu guitarra
los sueños de grandeza y glamour
la bondad infinita de tu alma.
¿Echan flores al mar los ángeles?


C. K. Aldrey
6/10/2020
Foto/dig/c.k.a.

5/22/20

Atrapas al pájaro en el aire


(presionar sobre la foto para ampliar)

Los ángeles despiertan en mi almohada


Te voy a decir




(a un muerto viviente en una isla que no existe:
sólo tú y solamente tú)

Te voy a decir
lo que no es verdad: tú.
Lo que miras y hablas
donde te sientas    lo que respiras
eso que imaginas y es grandioso
pero no existe.
Tú y lo que tocas    lo que pasa
y se escurre entre tus dedos
lo que te inventas para sobrevivir
la cama y tu sudor
el ladrillo que te sostiene
la sal de tu sangre
tus pies ennegrecidos
las arrugas de tu lengua
que lamió utopías.
Nada es cierto. Todo es mentira.
El sarcófago que es tu isla
tu almohada de rocas
las plumas de tus alas muertas
la voz con que pretendes seducir
el café que mancha tu boca
la mano temblorosa que ofreces
llena de culpas y trampas.
No es verdad    nada es verdad
ni siquiera tu abrazo a los muertos
tus súplicas al viento de octubre.
Nada de lo que tienes existe
nunca ha existido
eres el espejismo de la vida
tan vacía como la garganta de una cueva
un ser extraño que ya no late
sin el peso abrumador del gentío
que cae del cielo tormentoso.
No tienes rostro    no tienes nada
perdiste las piernas en la guerra
quedaste ciego frente al sol
se te vaciaron las cuencas con la luz
la oscuridad te borró de la tierra.
Eres la orilla de un río seco
donde se acuestan los espectros
y sollozan las viudas
una marioneta de los años
estancada en visiones olvidadas
cuerpo sobrevolado por las auras
hambrientas de la historia.
No eres verdad     no lo eres
te has imaginado que existes
en alguna parte    en algún lugar hechizado
por multitudes ilusas
que tampoco están    nunca han estado
y han sido recreadas
a fuerza de tallarlas    sofocarlas
con bocanadas de fuego
en el volcán del tiempo
que tampoco existe    nunca ha existido
por mucho que te hayas empeñado
por mucho que otros se hayan empeñado.
Sencillamente no estás    no estás
sólo tú puedes saberlo    sólo tú…



C. K. Aldrey/poema&digitalDe mi poemario "El fuego de la lluvia", ICE 2013

4/13/20

Una espina cruza la calle



Una espina cruza la calle
la persiguen pétalos blancos
la espina hiere al mendigo
los pétalos besan su sangre.

  C. K. Aldrey
Obra: "La huella", acrílico sobre canvas, c.k.a.



Oh, Whitman...




Alma mía…
sólo quiero la calma, el arrullo de tu
velada voz.

Walt Whitman

Oh, Whitman… porque abro la verja
y el pasillo se ha llenado de moho
y mis huellas se quedan grabadas
y el sol las endurece con su fuego
y la lluvia después las llena de influjos

Porque mi alma es comida por los peces
y los peces devorados por mi alma
como una sentencia dictada por Hammurabi
frente a una turba de enardecidos autómatas
que lanzan piedras ciegamente
a un pobre ladrón que perderá su mano
y llevará en la frente la huella del estigma

Oh, Whitman… porque la calma
es solo un regalo de la muerte
una ofrenda del amor desnudo…
todo lo demás habita en los abismos
en el cuerpo que desanda
con los brazos extendidos
para no chocar contra los gruesos muros
de esta existencia aletargada
que sólo a veces escucha su alarido
saliendo de la tierra apisonada
donde los monstruos se enfrentan y procrean…


C. K. Aldrey
(De mi poemario Noctibus, publicado por Linden Lane Press, 2005)
Foto/c.k.a.

Receta para olvidar




(presionar sobre la foto para ampliar)

La lluvia se ha roto


2/23/20

El despertar del penitente



El despertar del penitente


No es fatalismo como tampoco pesimismo. Simplemente es el descubrimiento de una fórmula que estuvo sumergida y con el paso del tiempo, salió a flote como un pez muerto. Me hace feliz haber desvelado su misterio.

Lo hermoso es parte del Todo consustancial. Nacemos para ser sacrificados. Somos el manjar del engaño eufónico y nos vigilan los centinelas de piedra.

Nuestras energías son depredadoras por antonomasia. En esta fórmula de la vida donde para sobrevivir nos devoramos unos a los otros, lo hermoso funge como escudo. Espejismo y carnada elemental.

Las ilusiones nos mantienen vivos y garantizan la procreación de energías. Las que habitan en cuerpos que mueren prematuramente también son imprescindibles. El Universo necesita energías jóvenes cuando las galaxias se extinguen para formar otras nuevas. Las viejas son enviadas a las galaxias muertas para ilustrar a los dioses. Los dioses se sienten seguros en las galaxias muertas. Allí pueden celebrar la cosecha sin que nadie los estorbe. Disfrutan en silencio cada bocado.

Uno de ellos me dijo en sueños que somos su alimento esencial. Me apuntaba con el dedo y decía:

-¿Para qué deseas saber la verdad?

Yo no sentía miedo y me enfrentaba a su voz:

-¿Cómo puedes nutrirte de seres afligidos?

-Cuando los sirven a mi mesa no sufren, ya han expiado todas sus culpas -contestó.

La fórmula es perfecta, inquebrantable y constante, por mucho que trates de cambiarla es imposible, no te perteneces. Los antiguos lo sabían, la inmortalidad es el sentido de la existencia. La muerte como la vida es un delirio pasajero a merced del tiempo, el espacio y las fuerzas indetenibles del Universo. 


(C. K. Aldrey, de mi libro "Eva desde el Cosmos y otras historias" | ICE 2015)
Foto: C. K. A.

Eva






HAIKU

 

Eva descubre

la miel de la manzana

y mis flaquezas.

 

Texto y foto: C. K. Aldrey


GENDARMES



GENDARMES



Era una adolescente muy curiosa, llena de imaginación, y sentía desdén por las instituciones oficialistas, especialmente por Los Comités de Defensa de la Revolución. No había ley que no dejara de ignorar, estipulación que no violara, o imposición a la que no se opusiera, no por simple irreverencia, sino por idealismo. Para ella todo era injusto, desde las miradas oscuras de los rescabuchadores nocturnos a través de su ventana, hasta los discursos empalagosos de los políticos o las reprimendas maternas. El mundo, según su criterio de entonces, estaba sostenido por dos columnas, una que representaba a los que tenían algo que decir y querían ser libres, y otra a los que te prohibían hablar y llevaban el sartén por el mango, que en otras palabras no eran más que símbolos de dos posiciones radicalmente opuestas, por tanto en constante debate y enfrentamiento.

Nunca le enseñaron otra cosa, ni siquiera de niña, estaba en la vida para obedecer, adaptarse al redil y hartarse de lecciones aprehendidas hasta que alguien decidiera esquilarla, pero no era su caso en particular como entendió con los años, eran generaciones tras otras sometidas a una memoria colectiva que actuaba por adecuación. Con el advenimiento de la dictadura este mal heredado tomó visos patológicos, no hay nada como un psicópata en el poder para alimentar la neurosis popular. Todos los dirigentes se querían parecer al dictador, se vestían igual, levantaban el dedo al discursear igual que él, fumaban puros igual que él, hablaban como él, incluyendo a su tío el ministro, una especie de mastodonte clonado. Y todo eso le provocaba náuseas, ganas enfermizas de ionizar los átomos contaminantes de la nueva sociedad para enviarlos al cosmos, allá de donde no pudieran regresar jamás.

Quizás por todas estas cosas, algún que otro vecino le fue tomando ojeriza, no soportaban verla con su guitarra a cuestas, sus pantalones vaqueros desteñidos o el pelo sujetado por cintas de colores, y menos aún, que les retara desde el portal con canciones de enrevesados malabarismos lingüísticos, se negara a participar en sus reuniones aburridísimas o que rehuyera de la guardia madrugadora para espiar a los  posibles enemigos. La pusieron en la lista negra y una madrugada varios individuos vestidos de civil se personaron en su casa con tremendo alboroto y la llevaron detenida al Departamento de Investigaciones Técnicas de la Seguridad del Estado.

No puede describir muy bien lo que sucedió en aquella ocasión, estaba tan fuera de este mundo que apenas articulaba palabra. Recuerda vagamente cuando le tomaron las huellas digitales, el flash de la cámara frente a la que tenía que sostener a nivel del pecho un letrero con un número de serie –bastante alto, por cierto-, los militares entrando con jóvenes detenidos, la cara de su madre, demacrada y llena de interrogaciones, y aquellos muros, con olor a humedad de siglos, recubiertos de cal y pródigos en barrotes. Tampoco se cuestionaba nada, se dejaba llevar por los oscuros pasillos, mirando como si fuera en una película las caras de los presos que se asomaban a las rejas, sintiendo escozor en las muñecas pues las esposas se las habían irritado, oliendo el desagradable tufo a cuero, pólvora y sudor de los guardias, viendo las pistolas colgadas de sus caderas y el caminar de fácil victoria, oyendo sus propios pasos entrar en la nada, en el vacío gris de la degradación humana, en aquella celda que por cama tenía un sofá muy viejo y apestoso y por ventana una claraboya pintada con brea para que no entrara la luz.

Sólo supo una vez de su familia, dejaron entrar a su madre a visitarla con la condición de que averiguara ciertos datos que se negaba a suministrar, pero era su silencio, su catatonismo, su furia, quienes siempre se interponían entre esos fantasmas de la insidia y su organismo humillado.  Por tanto fueron a su casa, descalabrando su organizada desorganización, confiscando sus pertenencias, arrancando de las paredes los afiches, llevándose todo lo que pudieran encontrar, libros, fotos, el diario, sus poesías y canciones, revistas, la libreta de teléfonos, los discos, su alma, su puto cerebro apabullado, sus recuerdos de la corta y amargada vida que le había tocado como regalo de los inexistentes dioses.

Cuando salió de allí no se podía considerar librada de cargos, fue condenada y sin juicio a un año de prisión domiciliaria por ser menor de edad, sin derecho a estudiar, ni a recibir visitas, ni a salir bajo ningún concepto sin previa autorización de la Seccional de la policía. Asimismo se le prohibió indefinidamente  participar en actos públicos, eventos, manifestaciones -excepto las convocadas por el gobierno en la Plaza de la Revolución y acompañada por su madre, donde por supuesto, jamás fue-, reuniones, a no ser las del Comité de Defensa, fiestas públicas o privadas, entre ellas el carnaval, y un sin fin de cosas más.

Si las pesadillas del primero de enero y los subsecuentes desastres, el divorcio de sus padres, el cambio de provincia, el encarcelamiento del padre, la beca, la hepatitis y el drama shakesperiano con Tania, habían sido truculentos y devastadores, este nuevo episodio vendría a imprimir con más fiereza una pérdida absoluta de la fe y de los valores que hasta entonces más o menos la habían sostenido como persona. Los resultados se podían imaginar, se sentía en franca rebeldía, con el sable entre los dientes, dispuesta a horadar hasta las paredes si fuera necesario con tal de vengarse. Sólo con los meses y la preocupación que le producía la angustia de su madre, asumió el control de sus sentimientos y fue creando una especie de lámina protectora alrededor de las memorias. Pero el rencor estaba ahí, escondido entre el vuelo de aullidos y noches de difuntos.

(De su libro testimonio Las Siestas de Scherezada, ICE 2003. Absolutamente todos los hechos que aparecen en Las Siestas de Scherezada, fueron narrados tal y cual sucedieron. Las historias fueron publicadas en diferentes espacios en los años 80's, y en el 2003 reunidas en un volumen que fue publicado por ICE -Imagine Cloud Editions-, mi espacio de auto publicación)

Digital: c.k.a.
Imagen: Internet Library