10/20/11

A DAVID


David Lago González, Marbella, España, 2004
















A David



Sé lo que nadie me tuvo que advertir ni enseñar
por haberlo respirado desde que nací
en el seno confluyente de familias trashumantes:
que emigrar es la última carta de la baraja.
Con ese naipe viajamos LOS PEREGRINOS.

-David Lago González-



Como si las memorias salieran de un recipiente de oro
finamente labrado por artesanos medievales,
la mano que tocó mi hombro viajó a la esfera
de un tiempo sin dueño en el pesar.
Dentro de esas memorias estaba la calle frente al mar
las estatuas surrealistas de Dalí
los pasos tranquilos que iban a ninguna parte
las sillas que la brisa y el salitre herrumbraron.
Tu rostro era de complacencia por el hecho de sentirse
desnudo ante la placidez del Mediterráneo,
brochazo psicodélico que después cantó a Galicia
junto a tres mujeres que posaron para inmortalizarlo.
El paseo recibía la tarde con tapas, vinos y café
las palmeras se salían de la orilla y caían en tus ojos,
eran luces anticipadas encubriendo las sombras
extraños malabarismos de imágenes que ahora surgen
inevitablemente al reencuentro del pasado.
El peregrinaje nos hizo cómplices de las estatuas
la última baraja fue la primera cena alumbrada por un cirio,
la fatalidad trashumante nos ofreció a cambio las palabras
que luego fueron escritas en las páginas de la eternidad.
Eramos dos espíritus acompañados por un perro
que al mediodía te lamía las manos y comía de tu pan,
dos apátridas consumidos por las horas entre los arrecifes
desde donde veíamos las costas de Africa
con sus lamentos de ahogados, de olas frías y hermosas,
con su arena traída por los vientos de enero.
Llegué a pensar que no existíamos
mientras subíamos por las cuestas de la ciudad antigua,
fantasmas midiendo distancias, cuerpos levitando
con el abrazo prendido en las cinturas,
viajeros que de pronto se arrodillaban
en las escaleras de la ermita y pedían libertad
para una isla encadenada, perdida en el océano,
joven viuda a la que pocos hacían caso
en aquél paraíso de nadie abarrotado de ingleses.
Recuerdo la noche de las risas, los cuentos subidos de tono,
el espejo roto por la magia de una mala palabra
y que tú, sabiamente, atribuiste a la presencia de meigas celtas
y hasta al poema donde Ovidio perjuraba a su padre
que nunca volvería a versificar…
risas, vinos, risas… hacía tiempo que no reías, eso decías,
y le dedicabas a Medea la gloria de tus desenfados,
al chaval que en el paseo marítimo te había tirado los tejos
y que con la elegancia de un lord escocés habías rechazado.
Las memorias tienen sabor a presencias,
es como si se repitieran los recuadros en otra dimensión,
hasta se pueden sentir los frenazos del autobús
que traía el aroma de tus días, el ruidito de la ventanilla
al descorrerla, el paso blando de tus zapatillas,
tu primera voz apagada por la algarabía de la gracia andaluza,
el crujido de la silla al recibir el peso de tu cuerpo.
Veo tus dedos repasar las páginas de vírgenes pueblerinas
que soñaban con volar, veo tus palabras escritas en el muro
donde Pink Floyd nos abría los ojos cada noche
y susurraba la tragedia postmodernista del desencanto
the bleeding hearts and the artists make their stand…
after all it's not easy banging your heart
against some mad buggers Wall…

No logro entender en dónde estás, pero creo reconocer
el camino en el que ahora transita la luz de tus ojos.
Anoche, en las penumbras, sentí tus pasos.


Carmen Karin Aldrey
Octubre 18 del 2011

7/8/11

Cleodora


Las ninfas también tienen sus días malos. Cuando Cleodora salió del inframundo estaba lloviendo a cántaros, esa fue la primera parte del infortunio. La segunda fue caminar por las calles anegadas en agua, soportar estoicamente los remolinos de la ventisca que retorcieron su sombrilla, y sentir que sus zapatos, flotando en los charcos, salían de los pies como peces huyendo del anzuelo. Su manto, cuidadosamente acicalado, chorreaba que daba pena, y cuando llegó al Pindo hasta el oráculo podía exprimirse.
Por si fuera poco estaba padeciendo en los últimos tiempos de una extraña melancolía, trabajaba demasiado, las hisminas le halaban las orejas sin ton ni son, se despertaba en plena madrugada sin razón aparente, le dolían las rodillas, quizás por su rigidez de estatua, los autobuses del Parnaso pasaban a veces cada una hora o sencillamente aparecían cuando les daba la gana, y disposiciones ejecutivas del Olimpo le habían hecho quedar mal con las nereidas, que además también habían sido arrastradas por la tormenta. Encima de todo eso se había quedado sin almorzar, por lo que el día de pronto se había convertido en noche y su estómago en una maquinaria furiosa, demandante, de una vaciedad insoportable.
Ese día Cleodora se juró ser diferente, dejar de vivir en los árboles, no ser inmortal.


C. K. Aldrey
07-07-2011

6/26/11


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6/17/11

ACEITE



Nuevo libro publicado por LINDEN LANE PRESS, en su Colección Poesía: ACEITE, por Carmen Karin Aldrey, poeta cubana residente en Miami, y fundadora y directora de La Peregrina Magazine. Con 19 ilustraciones a todo color de la obra plástica de esta autora. Reseña del libro: María Eugenia Caseiro. Diseño del libro por Belkis Cuza Malé. Fotografía de la obra plástica de Karin Aldrey por Manuel Verdecia. Fotografía de contraportada por Manuel A. López.
Pídalo directamente a MagCloud, o enviando un mensaje a BelkisBell@Aol.com.

6/14/11


























Entra despacio, diría que en puntillas. Sus pies son firmes, en el derecho tiene tatuada una serpiente. No se si es que se siente culpable pero camina como si lo fuera. El pasillo oscuro tiene una luz al final, pequeñas mariposas la sobrevuelan, es una bombilla opaca, aceitosa, me atrevo a decir que nunca la han limpiado. Se dirige allí, camina y danza, siempre de puntillas. Parece un fantasma, con su velo de azul intenso cubriendo y descubriendo sus ojos grises. Su pelo es rebelde, los espíritus lo soplan y sus crespos vuelan invocando las medusas. Cuando llega a la luz advierte una puerta, la abre, entra, se desliza, apresura los pasos. El piano está allí, esperando.

C. K. Aldrey
06-2011
Digital Art: C.K.Aldrey

6/12/11
























REFUGIADO


Has decidido renunciar al universo oscuro
escapar de ese bullicio insustancial de las pisadas
ser como las ramas cuando las parte el viento
aunque el silencio en las pupilas reaparezca a veces

Lo has decidido y la pared es cárcel
el olvido se incrusta en cada grieta
la memoria de una ola se aproxima a tus ojos
saltan los cristales rotos de las sombras

Pero lo has decidido en la penumbra de tu alma
en el ambiguo escozor de tus pesares
las heridas son ríos de palabras muertas
la esperanza una virgen naciendo en tu mirada.



C. K. Aldrey
Miami, 06/2011
Digital Art: C.K.Aldrey, "Constelación"

5/14/11





















CUANDO DE AMOR SE TRATA


Se preguntó qué cosa era el amor mientras mordía una manzana. Sabía que era sentir algo especial, una vibración incontenida. ¿Cuántas veces lo había sentido? Miró a la luna y no estaba la respuesta, desvió la mirada al suelo y tampoco. A su izquierda sólo había un árbol, a su derecha un gato blanco que siempre la observaba en silencio. Después de comerse la manzana se hizo otras preguntas y olvidó cuestionárselo, aunque más tarde, en la penumbra de su habitación, sintió que la luna, el suelo que pisaba día a día, el árbol y ese gato misterioso que no hablaba, eran amores de sus circunstancias, como todas las cosas afables que tocaban su espacio. Definitivamente, la manzana le había hecho perder el tiempo.


C. K. Aldrey















2020


Siempre pensó que animales y humanos habitaban ese espacio de pureza que consideraba inalterable. La esperanza de vientos diáfanos se fueron convirtiendo poco a poco en escenarios realistas, incluso grotescos, y aunque el humano se descubriera poluto, desarraigado y más irracional que los animales, ambos estaban sobre el planeta para ser devoradores, espectros bacterianos que conducían a una eterna cadena de materia compulsiva, viciosa, carente de la belleza que ciertos libros le habían inculcado.

Cuando empezó a llover y las ráfagas chocaron contra su puerta, ya no sentía llegar los mensajes luminosos de otros tiempos, las hojas del jardín sólo eran como extrañas criaturas sin vida que a su vez eran tragadas por la tierra, la misma lluvia no era redención, sino una mezcla ácida de químicos y líquido viscoso, los árboles fantasmagóricos desencuentros, y la ciudad un hervidero de agitados espectros.

Nada era igual cuando lo entendió, de pronto el encanto de sus idealismos no eran más que desechos, un largo camino de violencia, oscuridad y muerte. La tormenta desataba su furia y el viento arrasaba el patio solitario. Se quitó la ropa, salió al exterior con sus ojos extraviados y su mirar difuso. La lluvia caía sobre su cuerpo abriendo trechos de sal sobre el rostro. Abrió los brazos al cielo y se entregó al rayo, el último gesto filosófico.


C. K. Aldrey

11/3/10

FLORES NO ME PONGAN, DE RITA MARTIN


















AKUARA TEATRO PRESENTA EL ESTRENO MUNDIAL “Flores no me pongan”

12 de Noviembre a las8:30 PM en Havanafama Teatro.

4 funciones 12, 13, 19 y 20. Reservaciones. 786 308 1764 y 786 319 1716.
NO APTA PARA MENORES.

Reserve ya, el opening está casi sold out!

BRINDIS DESPUÉS DE LA FUNCIÓN. NOS VEMOS!



PRODUCCIÓN "AKUARA TEATRO" EN COLABORACIÓN CON HAVANAFAMA TEATRO ESTUDIO


ELENCO: MIRIAM BERMÚDEZ Y YOAN VEGA

DIRECCIÓN: YVONNE LÓPEZ ARENAL

MÚSICA: FRAGMENTOS DE LA MÚSICA DEL MAESTRO AURELIO DE LA VEGA
SELECCIÓN MÚSICAL DE OTROS NÚMEROS RITA MATIN, MARIO GARCÍA JOYA E YLA

SELECCIÓN MÚSICAL DE OTRAS PIEZAS: RITA MARTIN, YVONNE LOPEZ ARENAL Y MARIO GARCÍA JOYA

DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA - ARNALDO SIMÓN

PRODUCCIÓN - ALBA BORREGO

ASISTENTE DE DIRECCIÓN - CARLOS RODRÍGUEZ

DISEÑO DE LUCES E IMÁGENES - MARIO GARCÍA JOYA

FOTO FIJA - IVÁN CAÑAS

REALIZACIÓN DE ESCENOGRAFÍA - ALEJANDRO GALINDO

DISEÑO DE PROGRAMA - SANDRA RINCÓN

NOTAS AL PROGRAMA - MAYRA MARRERO

DISEÑO DE VESTUARIO - JULIO VILLEGAS

LUCES Y SONIDO EQUIPO TÉCNICO DE HAVANAFAMA

ZU PROJECT - EVENTO

Lugar:

El Dorado Furniture
2475 SW 8th. Street
Miami, Fl 33135



Lunes 15 de Noviembre

Se hizo monja para poder pensar
Elena Tamargo

Martes 16 de Noviembre

Maldicionario (poemas inéditos) y Lezamillos, primer libro ilustrado de la obra de Lezama Lima
Margarita García Alonso
Editions Hoy no he visto el paraíso
Presentación a cargo de Carmen Karin Aldrey

Miércoles 17 de Noviembre

Después de Cuba
Antonio Alvarez Gil
Editorial Baile del Sol
Presentación a cargo de Elena Tamargo

Jueves 18 de Noviembre

Un reencuentro de poetas
Manuel Sosa y Sonia Díaz


Viernes 19 de Noviembre


El difunto Fidel
Teresa Dovalpage
Iduna Ediciones
Presentación a cargo de Ena Columbié
(Este evento será en Delio Photo Studio)

Sábado 20 de Noviembre


La patria es una naranja
Félix Luis Viera
Iduna Ediciones
Presentación a cargo de Heriberto Hernández

8/28/10

Planetas de la Mente Art Exhibit


Planetas de la Mente, Acrylic, 24 x 48 (Click on pic to max. Photo by Manuel "Manny" Verdecia)





Zu Galeria Fine Arts invites you to opening night for Carmen Karin Aldrey's
exhibit Planetas de la Mente
September 10, 8pm
Exhibit will run until October 1

Zu Galeria Fine Arts
2248 SW 8th Street
Miami, Fl 33135
786-443-5872
www.zugaleria.blogspot.com


Carmen Karin Aldrey was born in Cuba. She has lived in the USA and Spain, where she has exhibited her work in various venues. When it comes to art, Karin is not just a talented artist, she is also a writer, a photographer, and web designer. She has participated in numerous art festivals, group shows, and the like to positive reviews.
This exhibit is pretty much where she is at in her beliefs, her inner world, her journey.

8/18/10

El canto del héroe

















Como yo nací oyendo teques y arengas en vez de cantos de cuna, no se me hizo imposible comprender la dimensión de los cambios de aquella ciudad, con sus estatuas y paladines de bronce derrocados. Por donde quiera que miraba yacían obstruyendo el paso de los transeúntes, tan parecidos a los dioses reciclados, y se podían observar a los niños saltando encima de los simbolismos, de los caballos de enormes y estáticas colas, de las espadas con aspecto de rayos inmisericordes que se clavaban contra el suelo como esgrimiendo su agonía.

Para decir la verdad, esto no lo había visto en ninguna parte. En mi país de origen a los héroes se les mantenía invictos, embetunados y airosos, con sus dorados relieves más brillosos que el sol y con sus inscripciones grandilocuentes retando las transformaciones del lenguaje. A estos héroes, pensaba yo mientras caminaba a través de las plazoletas, los hicieron añicos los mismos que los erigieron. Ya no servían para amonestar, ni para encumbrar ejemplos, ni para esconder las oscuras mañas del poder. Ahora eran chatarra, pedazos de cobre chamuscados sin historia, patéticos espectros de un pasado que se quería olvidar a toda costa sin tener en cuenta que las acciones permanecerían allí, por los siglos de los siglos, en el corazón de varias generaciones carcomidas por la incertidumbre.

Y yo me preguntaba, mirando a una de las narices enterrada contra el lodo, si en alguna parte de esa ciudad de aspecto surrealista existirían fantasmas asustando con sus lamentos el sueño de los ciudadanos, caminando con los brazos estirados en la oscuridad de los palacios y a través de los patios de piedra milenaria, testigos callados de sangres derramadas inútilmente, o en el mejor de los casos, útiles en esa creación de ídolos en la que los ilusionistas eran expertos forjadores.

Era primavera, pero yo estaba aterido. Tres grados sobre cero eran muy pocos grados para un cuerpo acostumbrado a la suavidad de los abriles tropicales. La escarcha comenzaba a fundirse con la tierra jaspeada de hierba nueva y a dejar por aquí y por allá charquitos café con leche, justo donde las perras orinaban el estro de su fertilidad. Un paisaje normal, un día como cualquier otro en todas las ciudades del mundo. Sin embargo, yo me sentía distinto. No era estar en Madrid, donde después de un día de emociones multiplicadas por la manzanilla, me parecía lógica y subyugante. Y no era París, con su torre de hierro cerca de las nubes que le daba esa sensación de realidad subliminal. Y no era ni siquiera una de las tantas ciudades europeas por las que había pasado en mi peregrinaje de buscador de historias, era una ciudad salida de las ruinas, una ciudad de escombros en resurgimiento, de contradicciones heredadas, hermosa y populosa, fea y solitaria, sin héroes, impersonal e íntima, la increíble urbe de olvidadas sinfonías y de patentes empolvadas en los misteriosos archivos de una alcaldía sin alcaldes, una ciudad que la historia había hecho contradictoria después de cruentas batallas inútiles.
¿Qué hacía esta mole que soy yo en aquél lugar, vacío de alegrías, ultrajado por estatuas derribadas, sobrevolado por periódicos que nadie quiso leer, rodeado por parcelas que nadie quiso cultivar, triste por no saber qué hacer con una libertad otorgada a destiempo? ¿Estaría yo errado y ese sentimiento de abandono no sería más que un espejismo producto de mis falsas expectaciones? Había ido impulsado por mis esperanzas de hombre que no tiene los derechos elementales en su propio país, pero mi desolación aumentaba gradualmente, llenándome de pesimismo gotica a gotica, como si estuviera encerrado en una cueva húmeda y resbaladiza.

Aunque no lo crean, pasé horas caminando sin saber a dónde ir, confundido entre la muchedumbre agitada y sacando de vez en cuando mi petaca de ginebra para entrar en calor o aliviar mi desconcierto, todavía no lo sé con exactitud. La cosa es que cuando llegué al hotel donde estaba hospedado, las paredes me empezaron a dar vueltas y tuve que subir por aquellas escaleras de caracol sujetado a las barandas, dando traspiés y chiflando rancheras para disimular, porque definitivamente me había emborrachado con la jarana, de licor, de frustración, de sueños pueriles que tocaban a su fin, de la hermosura de catedrales atestadas de almas reconciliadas con el amor, de caras coloradas por el frío producto de largas colas a la intemperie sólo por la esperanza de alcanzar tentaciones occidentales con papitas. Y cuando entré a mi habitación, callada y con las viejas cortinas olorosas a biblioteca, me fui directo a la cama, con sus almohadas gordiflonas y sus mantas de antárticos espesores. Y me sumí en el más profundo de los sueños, olvidando las muecas grotescas de los héroes caídos, dejando atrás las imágenes de cientos de libélulas amordazadas por el granizo y sintiendo con gratitud el calorcito que me iba desprendiendo de la realidad.

Cuando me desperté al día siguiente ya era mediodía. Sentía pereza y todavía la cabeza me daba vueltas como un trompo. Sin pensarlo mucho me levanté y me fui directo al maletín de viaje para buscar una aspirina. El agua de la pila estaba helada, así que me tomé la pastilla y me lavé la cara con rapidez. Hoy no me baño, pensé. La verdad es que todavía no olía. Mi cuerpo tenía la fragancia a desodorante de la noche anterior. Debe ser por el clima, me dije contento de volar el turno. Entonces me dirigí a la ventana. Al correr las cortinas que pesaban más que un telón de escenario, el increíble panorama de la Plaza apareció majestuoso. Se veían niños corriendo, señoras con bolsas de tela por donde asomaban las puntas tentadoras de hogazas recién horneadas, hombres caminando con rapidez apretando bajo el brazo el periódico, jóvenes bulliciosos entonando canciones en otros idiomas, viejitas cubiertas con pañuelos apretujando entre sus manos rosarios y misales, en fin, todo lo cotidiano del vivir apareciendo como una fotografía en movimiento, con los colores grises de una primavera nublada y ajena.

Y ahí fue cuando los recuerdos me empezaron a invadir, llegando como navajas voraces a mi sangre, interrumpiendo la paz de la resaca y haciéndome sentir tan solo como la una, triste como un buitre sin vacas muertas, aplastado como un jugador que lo ha perdido todo. Por eso empecé a cantar, sí señor, a cantar sollozando los boleros de mi barrio, a sollozar cantando las notas de aquellos sones de mis padres ya fallecidos, a moquear por las estatuas de mis enemigos sin remordimiento, a cantarle juglares a los héroes sin flores de mi tierra y a los que detrás de los cristales de la ventana del hotel no podían escuchar.

El día en que me fui de aquella ciudad estaba más muerto que antes, pero al menos había comprendido que nuestra analogía con su tragedia era un hecho surgido milenios atrás, cuando en los albores de la humanidad nacieron los primeros héroes.



Carmen Karin Aldrey, de su libro "Exilios Ajenos" (c)

8/7/10

José Luis Arbulú en Zu Galería


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Cuervos azules


























-I-

El aullido de tu sombra entra en mi cama
se que mueres al otro lado del mar
En la almohada vuela un pez
en el aullido los cuervos azules
Mi sábana se llena de piedras y caminos
siento pasos de lobos en la noche
No tengo ojos para ver el cielo
me han dejado ciega las distancias.

-II-

Nací en la espera de los días
las calles eran estrechas sin aceras
las mujeres parían apretadas al dintel
el mar entraba a las habitaciones
las brujas bendecían el agua
los gritos volaban de ventana a ventana
la sangre era de un rojo inmortal
nacer un equilibrio milagroso…
a veces la noche me regresa al instante.


C.K.Aldrey
08-06-10
Foto: Internet Library

7/25/10

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I

Los milagros esperan
más allá de las sombras
Con la noche llegan
aplastan la nariz en mi ventana
rompen el vidrio
La luz del níspero cubre el techo
y a veces su estruendo
me despierta
¿Dónde están todos?
¿Qué caminos han elegido
mientras el viento desata
su furia envenenada?
La nube es una manta
cubierta de escarcha y alfileres
el trueno se asusta de su voz
las guitarras dejan de llorar y cantan
En todos los jardines del mundo
nacen los milagros.

II

Con el mar llega tu materia
naufragio de brazos y tendones
cuencas vacías
Las baladas de tu niñez
son cantadas por delfines
El mar te mantiene prisionero
entre sus garras coralinas.
La muerte no existe
hoy me has despertado.

III

Dame una razón
para estar viva
-dice la orquídea
Llueve y sus pistilos
se vacían de polen
las hojas
medio marchitas
caen y son arrastradas
por el agua
su raíz se asfixia
en la tierra mojada
Pero deja de llover
y sus pétalos brillan
la raíz respira
el sol besa su tallo
Por fin encuentra
las razones.

IV

Tu mano ha decidido
tocar mi cuello
No se si la he sentido
viajar por mi sangre
o si el ritual de la noche
ha sido sólo un espejismo
velado por las sombras
Si tu mano, al fin y al cabo,
la he imaginado o ha sido real
con sus suaves matices
parecidos a nubes de otros cielos
mares dibujados
por insaciables trazos
cañadas atravesadas por ríos
tan azules como el mar
En mi cuello
tronco de árbol impaciente
tu mano ha ido tallando
las cuerdas del violín
el peso del viento lluvioso
la arteria donde transita
ese espacio de tiempo
donde todo es posible
La simple idea de sentirla
como si fuera cierta.


C.K. Aldrey
07-2010 ©
Digital Art & Photo C.K.A.