6/25/10

Canción para un duende






















Las penas ruedan
entre arbustos de papel

ciudades sin color
palidecen al sentir

la mujer del pañuelo
le grita al cundeamor

el trovador pierde su guitarra
entre las olas del mar


Los poetas se esconden
detrás de las estatuas

la calle es larga
y sus faroles ciegos

las diosas invocan
los pinceles del ayer

la magia escapa
de la inmediatez


El escenario está a oscuras
y vacíos los palcos

las huellas del silencio
atrapan resonancias

la tarde cae
sobre techos de metal

las letras enmudecen
heridas por el ser


Escarchas y silencios
invaden la pared

las penas ruedan
entre arbustos de papel.


C. K. Aldrey
June 24, 2010

3/26/10

El sueño de la pianista



Entra despacio, en puntillas. Sus pies son firmes, en el derecho tiene tatuada una serpiente. No sé si se siente culpable pero camina como si lo fuera. El pasillo oscuro tiene una luz al final y pequeñas mariposas la sobrevuelan, es una bombilla opaca y aceitosa, me atrevo a decir que nunca la han limpiado. Ella se dirige hacia allá, camina y danza, siempre de puntillas, parece un fantasma pero es un androide de alta tecnología programado para inspeccionar las zonas clausuradas de la ciudad. Tiene cabello rebelde, los espíritus lo soplan y sus crespos vuelan, tules de azul intenso cubren y descubren sus ojos grises. Cuando llega a la luz advierte una puerta a su derecha, la abre, se desliza y apresura los pasos. Un piano está allí, esperándola.


C. K. Aldrey
Foto digital: C. K. Aldrey

2/8/10

Tormenta verdeazul






















De un trapo hizo una manta
era el frío de enero
la nieve eterna

No sabe cuánto extrañó su andar
al pisar las losas de la calle 8
Eran días atravesados por jueves
palabras cruzando el cielo como dagas

Y aunque no ha muerto
aunque vive en ese pedazo de cerebro
que almacena memorias
yo siento que morir y nacer es desaparecer
cambiar de abrigo
caminar con la cabeza en alto
olvidar las llagas que siempre quedan

Vivir ese otro espacio del tiempo
donde el frío es calor
y la nieve se derrite…


C. K. Aldrey
02-07-2010
Foto y Arte Digital: C.K.Aldrey
Modelo: Silvana Mannise

1/3/10

Querida Luna



Foto: Luna y What's Up


Querida Luna:

Nunca me han gustado los cambios bruscos o precipitados, ya ves que producto de los recientes nuestra Amistad se perderá en el anonimato de los tiempos. No siento dolor, todavía no ha llegado el momento de extrañarte, pero se que cuando vengan las tardes de verano y me apetezca salir al jardín a jugar con los grillos, siempre miraré a los lados, buscándote, intuyéndote, ya sin oler tus rizos blanquinegros, sin mirar tus ojos a veces tristes, otras chispeantes de gozo.

Sabes, Luna, los humanos pierden mucho el camino buscando otros, y aunque al final crean encontrar lo que buscan, la memoria no les permite ser felices del todo. Nosotros somos intuitivos y recordamos solamente entre nieblas, la subsistencia es absorbente, vivimos para complacer a los dueños y por tanto no almacenamos diarios, todo transcurre a su alrededor y la codependencia nos limita mucho, pero eso se lo agradezco a la vida porque ayudará a que nuestra separación sea más llevadera. De entrada te diré que me aburriré, mi dueña pretenderá distraerme con mimos excesivos, huesitos de menta y viajes a South Beach, pero todos sabemos que las despedidas duran mucho y sólo con el hojear de los meses, el corazón recuperará su ritmo cotidiano.

No me he ido y ya te estoy recordando, mi dulce Luna. Como soy sólo un perro, y de contra chihuahua, pensarán que mis lágrimas se deben al viento que choca en mis ojos saltones, pero la realidad es que ya me siento partiendo, y al verte tan serena, con tu cabecita suavemente recostada a la almohada, no puedo impedir que la tristeza rompa las puertas de mi alma. No ladres, Luna, no quiero recordar tu ladrido cuando esté al amparo de las piernas de mi dueña, podría saltar y morderle las entrañas por haberle permitido al destino ser tan cruel y separarnos.

Carmen Karin Aldrey
Miami, 01-03-2010

10/26/09

For once in my life

For Once in My Life, by David Lago

para Karin Aldrey
(y para tantos otros que es imposible nombrarlos a todos)



¿Cuántas vidas tiene la vida de un hombre?
¿Cuántas desperdicia? ¿Cuántas aprovecha?
La cebolla tiene capas como el hombre; el árbol, anillos.
La cebolla las pierde, el árbol los conserva,
y el hombre entre medias hace lo uno y lo otro.
Unas veces sabe escoger, otras no.
La naturaleza está por encima de los tres.
La naturaleza, la vida, el poder;
el mundo; el azar;
la miseria y la riqueza;
la Historia de los Mesías y los miserables;
todo a lo que verdaderamente poco importan
la cebolla, el árbol y el hombre.
¿Y quién pone el equilibrio entre lo útil y lo inútil?
Muchas capas y anillos, muchos años,
hacen de la memoria el filtro
en el que se depuran la alegría y el dolor
y los convierte en el misterio
de por qué nos fascina tanto vivir a pesar de todo.



(Madrid, 26 de octubre de 2009)
© 2009 David Lago González

7/21/09

PLANETAS DE LA MENTE




Carmen Karin Aldrey, Planetas de la Mente (2009) Técnica mixta sobre lienzo

4/23/09

La Bandera de Soligregario





Significación

El Hipocampus o Caballito de Mar tiene características curiosas. Primeramente, vive en aguas cálidas, tiene tendencia a la monogamia, es leal y voraz, son los machos los que incuban las crías, y si no se protege su especie, pronto serán historia. Desde esta tribuna los caballitos y yo protestamos por su frenética comercialización, para lo cual se masacran y sacrifican cada año millones de ellos, ya sea para colgárselos al cuello o para petrificarlos detrás de un cristal, o sea, están haciéndole competencia a las camisetas del Che. A esto le llamamos los caballitos y yo "turismo inconsciente", de modo que exhortamos a quien nos lea que NO COMPREN animalitos disecados, porque para ello, tuvieron primeramente que ser ASESINADOS.

La bandera de Soligrerio es ecologista y mística, sus colores son exacta réplica de la madre naturaleza, tierra, mar, arena, cielo. Las pirámides significan el misterio del hombre y su historia por este y otros mundos, las franjas su trayectoria, y las estrellitas, son las seis provincias originales de la República de Cuba. Son azules porque el blanco es sólo un mito cuando hablamos de pureza humana, en cambio el azul representa nuestros mares y nuestro cielo. No es una bandera política, sino humanista, un homenaje a la naturaleza de la Isla de Cuba.

Carmen Karin Aldrey
Abril,2009

11/15/08

Otra vez la Luna

No se si Amstrong seguiría añorando pisar la superficie lunar, si supiera que “su inalcanzable Luna” ha dejado de ser la novia enigmática de la noche, para convertirse en cementerio. Según un pasmoso artículo publicado por AFP, “una empresa estadounidense de servicios fúnebres espaciales comenzó a tomar reservas para el envío de pequeñas cápsulas con cenizas humanas a la Luna, donde instalará un cementerio que algún día podría ser visitado por familiares de los fallecidos…”.

En primer lugar, supongo que serán familiares de millonarios, puesto que ya sabemos que a esos servicios que implican alta tecnología, sólo tienen acceso aquellos que pueden pagarla. En segundo lugar, y creyendo que eventualmente todos podamos viajar al espacio por tarifas populares, de aquí al momento en que pueda ser posible, o sea, un lejano futuro, los familiares de los difuntos ya estarían hechos polvo y ceniza. En tercer lugar, la Luna es patrimonio universal, o en todo caso, patrimonio de la humanidad, ¿a quién le ha pedido permiso la susodicha empresa, para transformar una de las maravillas celestes del sistema solar en suelo de difuntos? Yo personalmente protestaría llegado el caso. Si la Luna estuviera habitada, sería comprensible, algo que ya sabemos podría suceder en unas décadas, pero restarle a la Luna su esplendor romántico y darle paso a una fantasmagórica visión de ánimas deslizándose por la magia de su halo, es más que irreverente, es una decisión arbitraria que hasta puede interpretarse como ofensa a la poesía que está por escribirse. ¿Cuántos poetas le han escrito a la Luna? ¿Cuántos por inspirarse en esas noches tan hermosas, cuando sus ciento ochenta grados abarcan el cielo y se apoderan de los campos terrestres? Y ni hablar cuando parte de su circunferencia, esté sumida en las sombras, quizás imaginemos brujas volar como en Halloween, o creeremos observar algún espíritu atormentado que a lo mejor quiso ser enterrado en un pacífico cementerio de Kansas, y por fatal snobismo, se sumó a esa pléyade mortuoria reclutada por el mercadeo inescrupuloso.

A lo mejor estoy equivocada, pero conociéndome como me conozco, lo más probable sea que si estoy viva en el 2010, que es cuando se hará el primer envío de cenizas, cerraré puertas y ventanas en los plenilunios. Si los envíos llegaran a ser numerosos, imagino a la pobre Luna llena de pecas fosforescentes, siempre recordándonos que somos efímeros y que ella no es más que una novia infeliz, vestida de luto, y profanada por la creciente invasión de desperdicios humanos. Sentiremos lo mismo que cuando pasamos frente a Woodland Park Memorial, un silencioso recogimiento que evoca pesar, melancolía y el inexorable sentimiento de nuestro límite. Quizás usted no lo vea, o lo sienta como yo, pero estoy segura que en su momento no dejará de recordarlo.


C. K. Aldrey 
11-2008

4/17/07

La ignorancia

“De una cosa estaba segura: miles de emigrantes soñaban, a lo largo de la misma noche y con incontables variantes, el mismo sueño. El sueño de la emigración: uno de los fenómenos más extraños de la segunda mitad del siglo XX.”

(La Ignorancia, Milan Kundera)


Como respuesta a la pregunta de que si se puede odiar y amar a la misma vez, o si se puede repudiar algo que también nos envuelve de fascinación, podría decir que es posible. El espectro de lo amado y perdido, bajo la presión de circunstancias sociales adversas que han impulsado a un ser humano a emigrar, se convierte en una doliente huella que emerge involuntariamente del subconsciente a la nueva realidad de diáspora. Lo que tanto defendíamos, la identidad, se ve absorbida por los cambios y la urgencia del subsistir, aunque enriqueciéndose con las experiencias del camino ascendente hacia la reafirmación individual. En el proceso, el que huye de un sistema opresor nunca podrá desprenderse de esos fantasmas acuciantes del retorno indeseado, y devenimos los eternos prófugos de una raíz a la que nunca renunciaremos, pues es la cuna de nuestro pensamiento, pero que también significa el rechazo a la inmanejable sensación del estar prisioneros en un tiempo y un espacio que nos doblegó al espanto del existir oprobioso.

Parte de la historia consiste en la contradicción, que va mucho más allá de los principios políticos. Por supuesto, no hablamos del emigrante que por determinadas razones decide probar fortuna en otras latitudes y goza de la opción de elegir libremente su destino, incluso de regresar a su país de origen en caso de considerarlo pertinente, o sencillamente de vacaciones. Estamos ante un caso de emigración involuntaria que comienza con una decisión desesperada y termina con el convencimiento del acto irreversible de la renuncia, ambos aparejados en un nivel de presión psicológica que se mantiene funcionando interiormente como una especie de vivencia traumática sólo aligerada por la lógica de los cambios.

En La ignorancia, Kundera vive su propia tragedia. Impuesto a emigrar a Francia en el año 1968 a consecuencia de la invasión soviética a la República Checa, en casi toda su obra -y cabe destacar “La insoportable levedad del ser” como una de las más exquisitas y profundas- encontramos los mismos signos perturbadores que señalan hacia una dirección de eterna melancolía y desarraigo. El paralelismo entre Ulises y su “gran retorno” a Ítaca, y el de sus personajes veinte años después a una Bohemia libre pero detenida en un tiempo “desdibujado”, nos sitúa inevitablemente en esa tierra de nadie en que se convierte nuestra vida después de un largo invernar al cobijo de la novedad adquirida y las memorias en apariencia olvidadas, esas que pretendemos enterrar con empeño por molestas e hirientes, sin embargo de insoslayable persistencia.

El comienzo del libro es ya de por sí una bofetada de la brutal realidad, un mensaje que nos pone frente a frente al increíble desamparo que se siente ante la ignorancia humana. Recordar que, como dijera el mismo Kundera, “el comunismo en Europa se extinguió exactamente doscientos años después de que se encendiera la mecha de la revolución Francesa (…) la primera fecha dio a luz a un gran personaje europeo, el Emigrado (el Gran Traidor o el Gran Sufridor, según se mire); la segunda retiró el Emigrado de la escena de la Historia de los europeos”, por tanto, aquella Europa heredera de las revoluciones supuestamente reivindicativas, no perdona a la disidencia de los países del Este, y menos su exilio, de la misma forma que la disidencia cubana no es masticada ni digerida por los rezagos de esos doscientos años de creer en el mito de una ideología pretenciosa:

“-¿Qué haces aquí todavía? – No había mala intención en el tono de su voz, pero tampoco era amable; Sylvie se impacientaba.
-¿Y dónde quieres que esté? –preguntó Irena.
-¡Pues en tu tierra!
-¿Es que no estoy en mi tierra?
Por supuesto, no quería echarla de Francia, ni darle a entender que era una extranjera indeseable.
-¡Ya me entiendes!
-Sí, ya lo sé, pero ¿olvidas que aquí tengo mi trabajo, mi casa, mis hijas
?”


O sea, el Emigrado dejó de tener sentido, y con ello el sufrimiento del emigrado, su historia de privaciones, adaptación y asimilación por sociedades ajenas a la suya. No es sólo la ignorancia la causante de las distancias polarizadas; la territorialidad y el egoísmo van de la mano de la ignorancia, haciendo ruido y rompiendo con los valores más apreciados de nuestra naturaleza, como lo es el amor hacia nuestros semejantes, como lo puede ser la solidaridad humana hacia los que necesiten de ella. Estamos de acuerdo que “la Historia no es nada sentimental”, pero el hombre tiene la capacidad para compadecer, de modo que en el caso de la relación emigrado-nativo, la ausencia de compasión se supedita a una xenofobia de origen ambiguo, y es así porque muchas pueden ser sus causas. En el caso particular de los emigrados políticos, por los esquemas preconcebidos de un ideal exaltado, a veces totalmente carente de solidez y basamento, pero suficiente para estimular el desgraciado error de la injusticia e incurrir en la clásica ceguera histórica que impide al hombre dialogar con esa parte interior de sus mejores iniciativas.

Volviendo a los inicios de este artículo, hablemos de otro factor que hace mella en la integridad emocional del emigrado político: sus terrores. Como Kundera, todos hemos padecido las visitaciones de pesadillas; no importa en el lugar donde nos encontremos, ni el país, ni la época del año, el terror subconsciente nunca deja de jugarnos malas pasadas. Aún hoy, después de más de veinte años de exilio, de vez en cuando sueño que estoy caminando por una calle y de pronto descubro que estoy en La Habana. El pánico se adueña de mí, y todo el sueño transcurre en una anonadada lucha por conseguir salir del país. Por eso leyendo La ignorancia, he reconocido muchos episodios similares a los vividos en nuestro propio exilio: “…en una conversación con una amiga polaca también emigrada, Irena comprendió que todos los emigrantes tenían esos sueños, todos sin excepción; al comienzo le conmovió esa fraternidad nocturna entre personas que no se conocían, pero después se molestó un poco: ¿cómo puede ser vivida colectivamente la experiencia íntima de un sueño?”. Siendo el terror también colectivo por el hecho de haber emigrado en las mismas circunstancias, no es un fenómeno extraordinario el soñar lo mismo. A esto, se le puede añadir la macabra sutileza diseñada por el poder para inocular el ansia de la renuncia, un método que los comunistas esgrimieron con maestría –y esgrimen- para espantar la disidencia fuera de sus fronteras.

En La ignorancia, también nos encontramos con el fenómeno de la nostalgia y el regreso, dos aspectos sostenidos por columnas inciertas. Hemos construido una vida en otra parte, nos hemos adaptado, en dos o tres décadas ha cambiado el lugar que dejamos atrás, las personas que conocíamos ya no son las mismas, o más bien, nosotros no somos los mismos, nuestros hijos han nacido en otros países, no hemos tenido la oportunidad de presenciar los estragos ocasionados por el tiempo y el caos político o económico en nuestra patria, y en muchas ocasiones, hemos tratado de olvidar las peores experiencias por ser impedimentos reales para sobrevivir, pero el aguijón de la nostalgia, penetrando en nuestra vulnerable sensibilidad de emigrados, nos seducen al reencuentro que quizás rechazamos: “El mismo cineasta del subconsciente que, de día, le enviaba instantáneas del paisaje natal cual imágenes de felicidad, proyectaba de noche aterradores regresos a ese mismo país. El día se iluminaba con la belleza del país abandonado; la noche, con el horror de regresar. El día le mostraba el paraíso perdido; la noche, el infierno del que había huido.” Cuando al principio hablaba de contradicciones, me refería precisamente a este malestar profundo de la confusión, lo amado odiado, lo fascinante y repudiado. Es muy difícil haber sido expoliado, despojado de tus bienes y tu nacionalidad, enviado a la cárcel, expulsado de la universidad, perseguido y humillado, y por ende, haber sido forzado a emigrar, y no sentir la incertidumbre de la contradicción afectiva. Decimos: Amor a la patria, pero salimos odiando al régimen que nos hizo rechazar ferozmente el recuerdo de haber vivido en ella. Una cosa es el sistema, otra el lugar donde nacimos, con sus hermosos atardeceres, sus montañas acariciadas por la neblina matutina, el canto de los sinsontes o los verdes campos sembrados de caña, pero no estamos allí, no queremos estar allí, de modo que el amor se entrega a una nostalgia martirizante, a la impotencia de la pérdida, a la asimilación del rechazo.

Veinte años después, Irena, el personaje central de La ignorancia, regresa a Bohemia. Ya no era el país ocupado por una potencia extranjera, era un país saliendo del letargo y renaciendo. Su primer paso es tratar de “reconocer”, y se encuentra perdida, inútilmente congraciante con sus antiguas amistades. Lo más terrible, es lo lejana que se siente al descubrirse ajena a todo aquello. Sus gustos, su pensamiento, sus modales, su manera de vestir, su idea de la vida, están a miles de millas de distancia de sus borrosas memorias, del contexto social que apenas había superado su adormecimiento, incluso de sus compañeras de antaño. Pero aún así, idea un encuentro en un restaurante con todas ellas. Craso error, había aumentado la distancia torpemente con una caja de vino viejo de Burdeos que traía como regalo para compartirla con ellas, sin tener en cuenta que el gesto sería tomado como un alarde extranjerizante. “En Bohemia no se bebe buen vino y no se tiene por costumbre guardar antiguas cosechas (…) sus amigas observan incómodas las botellas, hasta que una de ellas, con mucho aplomo y orgullosa simplicidad, proclama su preferencia por la cerveza. Enardecidas por el desparpajo, las demás se adhieren, y la ferviente amante de la cerveza llama al camarero (…) Al rechazarle a ella el vino, es a ella a quien rechazan, a ella tal como ha regresado después de tantos años.” Aquí vemos cómo el emigrado-repatriado, el hijo pródigo, se encuentra con los primeros síntomas negativos de la readaptación, el “Gran Sufridor” en que se ha convertido, no es tampoco compadecido por los suyos, es el “tú te fuiste, yo me quedé”, y “no quiero escuchar lo que has sufrido”. Si pensamos en la lógica del desastre, podemos también pensar en que es comprensible, después de varias décadas de dictadura nadie quiere volver los ojos atrás, nadie quiere recordar el terror, todos están por la labor de superar la angustia. Pero el emigrado, el nostálgico peregrino que la ausencia y el martirio de renuncia que le tocó vivir lo transformaron en una especie de muro entre dos jardines, como dijera Gibran, sigue en la búsqueda eterna por su reafirmación y padece, a pesar de los pesares, las consecuencias amargas de la memoria detenida en el tiempo.

La ignorancia, esa joya escrita con erudición sencilla y lenguaje profundo, es un legado sobre “la inevitable ignorancia que surge cuando no se conocen las experiencias de vida de los otros así como el sentimiento de lo ajeno, el reencuentro con lo nuestro y por fin, la paz de aceptar y aprender a vivir con nuestro pasado”.*



Carmen Karin Aldrey © 2005



*Nota de Carolina Urcuyo



Nota biográfica del autor

Nació en Brno, Bohemia (República Checa) en 1929. Después de la invasión soviética de 1968, perdió su trabajo y fue prohibida la circulación de sus libros. Vive en Francia, país del que ha adoptado la nacionalidad. Ha recibido varios premios literarios internacionales y sus libros están traducidos en el mundo entero. En España, las novelas La broma, La vida está en otra parte y El libro de la risa y el olvido fueron publicados por la editorial Seix-Barral. Desde 1985 han aparecido en Tusquets Editores, La insoportable levedad del ser, La despedida, El libro de los amores ridículos y La inmortalidad (Andanzas 25, 32, 44, 114 y Fábula 1, 33, 47, 69), una obra de teatro, Jacques y su amo, y los ensayos El arte de la novela y Los testamentos traicionados (Marginales 93, 99 y 130). Tanto sus ensayos como sus dos últimas novelas, La lentitud y La identidad (Andanzas 231 y 335), están escritos directamente en francés. Tusquets Editores publica en primicia mundial La ignorancia (Andanzas 405), también en edición catalana. Kundera propone con ella un tema que deriva de un fenómeno que, en el siglo XX, alcanza una dimensión hasta ahora desconocida: la emigración, voluntaria o impuesta. A este tema central, planteado por Homero en La Odisea, van sumándose polifónicamente otros temas relacionados con la ausencia, la amistad, la memoria, el olvido y la ignorancia.
(Editorial Tusquets)

4/16/07

La Santería: mitos y realidad

A través de los tiempos, la Santería ha sido vista en algunos sectores no como una religión, sino como un culto o una secta y en el peor de los casos, como una práctica malévola orientada a la adoración de ídolos satánicos.

En realidad, la Santería es una religión muy similar al catolicismo, con un panteón y una estructura orgánica que en poco difieren de otras mitologías y en donde Olodumare (Olofi), cumple la función de dios supremo y los Orichás (Santos) tienen a su haber la responsabilidad de hacer cumplir sus designios.

Tal como nuestro Dios cristiano o hebreo, el griego (Zeus), el romano (Júpiter), el egipcio (Osiris), o como otros tantos símbolos divinos que existen y han existido en diferentes culturas, Olodumare es energía cósmica y creador del Universo en la mitología yoruba. Y tal como Afrodita (diosa griega de la belleza y el amor, Venus para los romanos), Oshún es la diosa del amor, la sexualidad y las aguas dulces en la religión yoruba, aunque no aparezca en las enciclopedias y el oscurantismo haya creado una nube de desinformación alrededor de este tema, por demás tan rico en leyendas y espiritualidad como en cualquier mitología existente.

Lejos de ese dios castigador y prepotente con que se identifican generalmente a las divinidades supremas, Olodumare es visto por los yorubas como "un dios imparcial que controla el destino de todos los hombres (...) y los juzga de acuerdo con los sentimientos íntimos de éstos, con su personalidad y con su carácter, incluso sus pensamientos (...); es el único que puede juzgar la moralidad de una persona, y de acuerdo con esto que uno al final, recibe lo que se merece en esta vida."(1)

Por otra parte, la Santería no es más que el producto de una sincretización (2) ocurrida cuatro siglos atrás, cuando los traficantes de esclavos trajeron de Nigeria y de otras regiones africanas al nuevo mundo la mano de obra que sustituiría a la mermada población aborigen, la que hasta ese momento era la encargada de sustentar la economía de la colonia. En el proceso de cristianización implementado por los conquistadores en América, los africanos tuvieron la necesidad de disfrazar sus prácticas religiosas que habían sido prohibidas y empezaron a identificar a sus dioses con los santos católicos para poder ejercer sus rituales. Es así como Oshún pasa a ser la Vírgen de la Caridad, Yemayá la Vírgen de Regla, Babalú Ayé San Lázaro, y así con todas las deidades del panteón yoruba.

De la misma forma que a Abraham le fue demandado el sacrificio de su hijo por Dios y de que éste le ofreció a cambio la vida de un carnero, de idéntica manera los yorubas y otros tantos pueblos a través de la Historia, han ofrendado a sus dioses la vida para obtener a cambio beneficios terrenales y divinos, de modo que es injusto el "arquetipo" creado alrededor de esta religión por el simple hecho de provenir de los negros esclavos y de haber sido practicada involuntariamente al margen de la sociedad.

Sólo Dios (Olodumare, Zeus, Osiris, Júpiter, Buda, Krishna, Coatlicue, Viracocha, etc.), es quien goza del alto y complicado privilegio de juzgar. Los demás sólo somos piezas de un retablo que vinimos a cumplir con un destino. Supongo que nuestro deber es aceptar nuestro papel, aprender a estar abiertos al papel de los demás y asumir que todos los caminos del mundo nos llevan a un mismo dios.

Como diría Xokonoschtletl: "Cuando (...) oyen silbar al viento y borboritar a un arroyo, cuando oyen susurrar las hojas y crujir al árbol, para ellos no son más que ruidos y susurros. Para nosotros son señales, mensajes y noticias de Nuestra Madre Tierra. Pero en vuestro mundo hay tanto ruido que las silenciosas conversaciones de nuestros hermanos ríos y nuestros hermanos árboles, nuestras hermanas nubes y nuestro hermano viento, ya no pueden oírse." Y dice también: "Tres dedos te apuntan a t cuando señalas a tu hermano."

Maferefún (3), mi Dios, todos los días de mi vida.


Carmen Karin Aldrey © 2000




Autores sobre el tema de Santería que recomendamos:
Cabrera, Lydia
González-Wippler, Migene
Pérez, Cecilio
Ortiz, Fernando
Sandoval, Mercedes


(1) Sincretismo: Fusión de diversos sistemas religiosos o de prácticas religiosas pertenecientes a diversas culturas. Larousse, 1998.
(2) Pérez, Cecilio. Ita-Mitología de la Religión Yoruba/Oba Egun.
(3) Maferefún: Dar gracias en lengua lucumí.
*Lucumí (anagó): Una forma del idioma yoruba que se habla en Cuba.

La música afro-americana y su desarrollo histórico

LA MÚSICA AFRO-AMERICANA Y SU DESARROLLO HISTÓRICO


Aunque en muchos podios se han negado a colocar la verdad irrefutable de que "la evolución de la música afro-americana es la evolución de la música americana", lo cierto es que su valioso aporte es y ha sido el punto de partida para la mayoría de los movimientos musicales creados en Estados Unidos, de la misma forma en que esa música es la propia historia del pueblo afro-americano narrada a través de las múltiples creaciones que nacieron del Work Song y los Spirituals, géneros cultivados por los primeros esclavos y relacionados a los rituales religiosos traídos de África.

Un dato curioso es que el único instrumento que utilizaban al llegar al Nuevo Mundo para acompañar sus voces era el tambor, el cual fue prohibido por los esclavistas por considerarlo "un instrumento pernicioso que incitaba a la rebelión", y fue así que a partir de entonces las voces devinieron instrumento, abriendo con este período el camino para lo que sería el Gospel (1619), género que comenzó a desarrollarse fuertemente a partir de la cristianización de los esclavos y que llegó a su plena madurez después de la Emancipación, época en que fue creciendo paralelamente con otro género que revolucionó la música americana, el Blues (1865).

Con la liberación de los esclavos, un nuevo problema tendría que enfrentar el afro-americano: el desarraigo. La sociedad que los había esclavizado y luego liberado después de una Guerra Civil desgarradora, no deseaba enfrentar los conflictos inherentes a la Emancipación, de modo que miles de negros desempleados polulaban por los pueblos y ciudades inmersos en la crisis de la post-guerra. Fue así como muchos (otros tantos estaban empleados en fábricas y plantaciones) empiezan a tratar de vivir de la Música, viajando a través del país con armónicas y guitarras, instrumentos por demás baratos de adquirir y fáciles de transportar a todas partes. Producto de esto, el Blue comienza a popularizarse y con ello, la música negra estimularía otros conductos y dejaría de ser sólo negra con el próximo advenimiento, el Jazz (1900), género que podría considerarse como la semilla de la naciente identidad multiracial a pesar de la injusta segregación que sólo sería cuestionada oficialmente (y abolida constitucionalmente) a partir del surgimiento de Martin Luther King Jr, el líder de los derechos civiles afro-americanos.

A pesar que el primer afro-americano galardonado por las Fuerzas Armadas Estadounidenses no lo fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial (ver el film Pearl Harbor para conocer su historia), muchos de ellos participaron en la Primera Guerra Mundial en batallones exclusivamente de negros, pero aún así, esto creó una conciencia de ciudadano en el afro-americano, no ya de ex-esclavo, sino de individuo como parte de una nación a la que pertenecían por derecho histórico. Fue así como el afro-americano, que además ya tenía una casta de intelectuales entre los creoles (mestizos de negros, franceses, españoles e indios), comienza un período de expansión cultural y con ello, a descubrir nuevas posibilidades rítmicas e instrumentales, como por ejemplo, los instrumentos de viento y percusión que utilizaban los colonos franceses en New Orleans en las bandas militares durante la ocupación napoleónica en el área, de modo que entonces empiezan a mezclar estos sonidos con los ritmos del Blues y aquellos traídos de África para darle paso a un nuevo estilo de música, el Ragtime, del que luego emergería ese increíble y adorable género de todos los tiempos, el Jazz.

A partir de ahí todo un espectrum de creaciones musicales surgirían vertiginosamente, algunas de carácter experimental: Bebop, Boogie Woogie, Swing, Hard Bop, Free Jazz, más un sin fin de ritmos que llegarían a convertirse en los preferidos a nivel mundial, como Rhythm & Blues (1940), el Rock and Roll (40´s), el Funk (1970) y el Hip Hop o el Rap (1978.

Estados Unidos de América es una gran nación cosmopolita hoy por hoy, y su historia es la de un pueblo que ha entregado, para beneplácito de todos, su maravillosa música a nuestro mundo contemporáneo.

C. K. Aldrey © 2001
(Fuentes de Información: Black American Heritage Internet, Enciclopedia de la Música, Biblioteca del Congreso)

En el nombre del Espíritu Santo



Me gusta la noche, con su manto de estrellas desplegado por el cielo y esa especie de levitación mental que se entrega suavemente al reposo. Es la recompensa del día, agradecido como el hombre por la existencia del balance universal que contribuye a la armonía de la vida, y también de la muerte, esa a la que se le teme pero que no es más que el tránsito a un nuevo estado de conciencia, de energía, y de evolución espiritual.

Hay noches especiales, como las de Semana Santa. Noches en las que sales a la calle y te paras en una acera a esperar por las procesiones cuando el repiquetear de campanas y redoblantes te llaman y estremecen tu corazón. Noches blancas, no como las de San Petersburgo, pero como las de Andalucía, engalanadas de cirios encendidos, velas tan altas como astas enarboladas por cientos de manos enardecidas, voces de quebranto entonando saetas mientras el silencio, sagrado y solemne, se adueña de las multitudes.

Noche de Jueves Santo. El Cristo del Madero, sobre su humilde trono elevado por hombres y mujeres, algunos descalzos o con ojos vendados como ofrenda a cambio de un milagro, oscila con el vaivén de los pasos y ladea su cabeza martirizada. Las trompetas anuncian el advenimiento de su luz, niños vestidos con túnicas portan candelabros y la Virgen Madre, también en su trono, pero adornado con flores y regiamente vestida, mira a los ojos de sus hijos, extasiados por su belleza iluminada. Mujeres de negro, cubiertas por encajes y mantones, como cada año se entregan a ese caminar a través de la ciudad que concentra sus almas en un mismo latir. Ricos, pobres, alcaldes, comisarios, niños, viejos, jóvenes, sacerdotes, profesionales, gitanos, payos, poetas y artistas, devotos que abren su ser al paso de las procesiones y se dejan invitar por la voz de la reconciliación y el mensaje cada vez más necesario de la paz.

La espiritualidad, condición arraigada al sentir más profundo de los pueblos desde la remota prehistoria, cuando el hombre interpretaba los signos de la naturaleza como símbolos mágicos y los asumía como vía de comunicación con el poder divino, es también quien inspira a reclamar el derecho inalienable a poseer libremente una identidad religiosa que ni siquiera en los países con brutales dictaduras, se ha podido soslayar o reprimir, incluso en las más severas circunstancias históricas. No ha existido gobierno sobre la tierra capaz de extinguirla, aunque se haya intentado. La Fe, su principal aliada, nace y crece dentro del hombre de la misma forma que la semilla plantada en el vientre de una mujer, el agua de los manantiales o el polvo cósmico que eventualmente se convierte en nuevos mundos. No son las catedrales, las sinagogas, las mezquitas, las pagodas, las que desarrollan su demandante instinto, las paredes de la espiritualidad van más allá de cualquier espacio físico o estructura arquitectónica, están en el templo interior del ser humano actuando como soporte fundamental de la subsistencia y el amor a Dios cualquiera que este sea en cada cultura, alimentando de fortaleza nuestros pesimismos y derrotas, y como alegre regalo en los regocijos y victorias.

En los muchos años que he vivido en los Estados Unidos, nunca he dejado de recordar aquellos tiempos de mi infancia cuando en la Semana Santa, el pueblo en masa se volcaba al fervor respetuoso de las celebraciones. Durante los once meses precedentes -al igual que para Navidad y otras fechas religiosas o patrias- en las escuelas e iglesias se preparaban los alumnos y fieles para esta ocasión: los ensayos de las bandas de música, los detalles del desfile, los vestidos de los santos para ser reparados, lavados y almidonados por las mujeres de las congregaciones o la limpieza de los candelabros. Todo un ritual que conllevaba a una especie de cálida solidaridad entre los cientos de voluntarios que contribuían al desarrollo del evento. Aquello quedó atrás y desapareció con el castrismo la magia de tradiciones adquiridas a través de los siglos, heredadas de los conquistadores y de los primeros grupos étnicos que residieron en nuestra tierra, pero en el corazón de cada cubano, de cada emigrante que echó raíces en la isla más hermosa que ojos humanos vieran, siguen estando, imperecederamente, las memorias de una época que marcó el perfil de la nación cubana.

Acá en España, en este Jueves Santo, muy parecido a los de mi pueblo oriental, María Magdalena salió de su pequeña casa andaluza. La ví venir por el pasaje con su andar de niña extraviada. Y se paró allí, detrás de nosotros, con su cara redonda como la luna y una lágrima tibia corriendo por su mejilla al paso de la Virgen y el Cristo del Madero.

Carmen Karin Aldrey, © 2004
C K Aldrey, La Santa Iglesia Catedral y Mezquita de Córdoba



C K Aldrey, Puente Romano sobre el río Guadalquivir, Córdoba, España



Adjetivizando y sustentivando un poema para la musa



En un rinconcito de aquella calle había oído pronunciar su nombre, o al menos, le había parecido escuchar algo así como un susurro, un deletreo suave que le llamaba insistentemente. Los árboles se movían al ritmo del viento, la gente caminaba apresurada, los coches se agolpaban unos contra otros sobre los empedrados buscando algún milagroso sitio para aparcar. La voz, o la palabra, o como se llame, la perseguía insistentemente, a pesar del trajín vocinglero de la mañana.
Pensó que estaba en un paraíso, llegar al río le había revelado este ensueño de paseante que desconoce una ciudad. Al mirar hacia los tejados y los claveles, su alma se encontró desnuda, sumida en la añoranza, y quizás también escarpada por la melancolía.
Había estado antes en ese lugar... pero... ¿Quién, o qué, la llamaba? ¿Estaba su psiquis tan revuelta de sensaciones que era capaz de integrarse voluntariamente a la magia de aquella belleza deslumbradora? ¿Eran esas ondas dialogantes un mensaje de sus duendes? Por mucho que trataba de explicárselo, la única conclusión a la que había llegado no la aceptaba del todo, esencialmente porque nunca había logrado acostumbrarse a las visiones, a las trastadas de su mente, a veces ágil en traducir, y otras torpe en percibir.
Mientras desentrañaba misterios, los amigos estaban sumergidos en las aguas de los baños árabes, los imaginaba de lejos como quien mira una pintura expuesta en un museo. Ella estaba allí, inadvertida con su libreta de notas, escondida entre los juncos, enfocando el lente hacia las torres y las nubes, y la voz le tocaba sutilmente los oídos, inmovilizando su capacidad motriz, adueñándose de cada minúscula partícula de su ser.
Decidió acosarla, retarla a duelo. Si tanto insistía, significaba que deseaba ser perseguida, llevada en andas como quien alza a una virgen. Ambas, saltando sobre las piedras y los remolinos, se internaron en la espesura del bosquecillo. Pequeños charcos de agua bendecidas por la luz y los insectos se esparcían por doquier. Sentía que la voz se iba materializando, tomando formas humanas. Aunque algo etéreas, distinguía líneas violáceas flotando como si fueran trazos de un artista dibujados en el aire. Sentía amor, una súbita esperanza de sosiego, un ansia terrible de tocar, de incrustarse contra la voz y fundirse en su devenir verboso, en sus sílabas que llenaban de sensualidad y tibieza las márgenes y los caprichosos estragos del pensamiento.
Todo era color en ese horizonte diáfano de las ideas, sábanas de arco iris tendidas en la inmensidad se impregnaban de resuellos espantando los moscardones, las abejas, los grillos saltarines, las florecillas de pistilos delicados, las ranitas escondidas entre los cáñamos, las cerezas maduras y jugosas. Y era color la voz, su aliento de sirena, la incongruencia de un verso salido a tropezones de su transparencia.
No era posible escapar al encanto, a su misterio. De modo que abrió su libreta de notas y se puso a escribir:
=II=
Un día espléndido y dorado. El sol de Córdoba, con su luz a veces cegadora, se proyectaba sobre el patio que fuera en otros tiempos refugio de meditación y misticismo. Ahora los turistas de todas partes del mundo yacían por doquier, sentados en los bancos, en las piedras milenarias de los portales, disfrutando la agradable sombra de los árboles o tomando fotos de esta increíble obra de la creación humana. Paradójicamente, varios pueblos se disputaron el derecho a poseerla, y construyeron asientos sobre otros hasta crear una fusión de incongruente belleza. Dentro de sus muros, estuvo la paz y la guerra, y formas de expresión inauditas. Por varios siglos, lo que inicialmente fuera la basílica de San Vicente, se fue transformando en un conjunto de estilos y culturas armónicamente entrelazados, lleno de vitalidad, energías sutiles, misteriosos sincretismos. En cada piedra, cada madera tallada, cada orfebrería, se pueden notar los diversos rasgos genéricos de esas naciones que tuvieron como eje de su espiritualidad lo que hoy por hoy se considera el primer monumento del Occidente islámico. Basílica, mezquita, catedral, una carrera a través del tiempo que hizo interrelacionar extremos opuestos y debatirse en un mismo espacio. Y esto es lo que hace de La Santa Iglesia Catedral y Antigua Mezquita de Córdoba, un lugar exclusivo de reflexión, de Arte religioso, de Arquitectura.
Varias veces en su historia pretendieron demolerla para reconstruir nuevos símbolos. Califas, Reyes, Obispos, líderes espirituales, nobles o generales, tuvieron a su haber el poder para convertirla en cenizas, como sucedió con otros asentamientos y monumentos, pero por alguna mágica razón, la existencia empecinada de su estructura no se entregó a los desastres circunstanciales apelando a razones más profundas: allí, en aquél lugar tan lejos de Damasco o Roma y codiciado por fuerzas contrarias, vivía un culto a la vida, la tradición, la presencia de un Dios multiexpansivo. El siempre debatido espacio monoteísta, se afianzaba a sus primeras piedras sagradas, y ya hubiera sido por superstición, fervor religioso o intereses diversos, el caso es que, como madre preñada en cada primavera, la basílica-mezquita-catedral superó los siglos deviniendo florida majestad.
Es así como se pueden ver fusionadas imágenes heterogéneas, yendo desde el más puro estilo hispanomusulmán, hasta el renacimiento o el protobarroco, de modo que el paso del tiempo y sus diferentes proyecciones juegan en un eterno construir y remodelar, aportando con sorpresivas innovaciones y nuevos atrevimientos, y constatando esa creatividad prolífera del hombre que a pesar de sus muchas contradicciones e instintos autodestructivos, también es capaz de comulgar en los tiempos de paz y rescatar de las sombras sus más puras iniciativas.



Emirato y califato de Córdoba*

Después de la conquista de la península Ibérica (711-718), los soberanos musulmanes, con el título de emir o valí, instalaron en Córdoba a su capital bajo la autoridad del califa del oriente. Los pobladores árabes (baladíes o sirios) se situaron en las ciudades y la mayoría bereber ocupó las zonas rurales. Cuando los abasíes sustituyeron a los califas omeyas (750), Abd al-Rahman I se proclamó emir (756) y se independizó de Damasco (773). En 929 Abd al-Rahman III rompió los últimos vínculos con los fatimíes y se proclamó califa. Durante el período califal tuvieron un gran desarrollo la agricultura, la ganadería, la artesanía, las ciencias y la cultura, y se edificaron las ciudades residenciales de Medina Azara y Medina Azahira. Córdoba se convirtió en una gran metrópoli. El califato mantuvo relaciones con los reinos cristianos. Después de la muerte de Almazor, el califato entró en un período de guerras civiles (1009-1031) y se dividió en reinos de taifas.

Breve descripción de la ciudad*

Córdoba, ciudad de España y capital de la provincia homónoma, fue colonia romana (Corduba) y desde 716, capital de al-Andalus. Conserva restos romanos y de la época musulmana: la Mezquita-Catedral; Alcázar de los Califas (actual palacio episcopal); baños árabes, monumentos de diversas épocas, etc. El Barrio de la Judería, fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1994, así como la Mezquita en 1984. Del siglo XIV son el alcázar de los reyes cristianos, gótico-mudéjar, y la fortaleza de la Calahorra (museo histórico). También posee numerosos conventos e iglesias, museos y una rica arquitectura popular (patios). En las afueras, se encuentran las ruinas de la ciudad califal de Medina Azara.

(*Tomado de Larousse)

Agradecimientos especiales a nuestro querido amigo Fernando (cordobés políglota y experto guía turístico), cicerón de este viaje a lo real maravilloso, a su culta e ilustrativa expresividad que nos transportó a través de la historia de la península Ibérica, y a su amistad, por supuesto, una joya que supera las increíbles huellas del pasado español.


Carmen Karin Aldrey, © 2002
C K Aldrey, vista parcial de Baelo Claudia, Andalucía, España


Baelo Claudia



Baelo Claudia está ubicada en el Estrecho de Gibraltar, Andalucía, España, y fue fundada en el siglo II AC. Le fue concedida por el Emperador Claudio el rango de municipio de Roma y alcanzó su máxima prosperidad en el siglo I AC. Su población se dedicaba a la producción de pescado y garum, una salsa que fue delicia de los paladares de la época.Sus cánones urbanísticos son exactamente fieles a las ciudades de Roma, y en España se le considera como la más completa, pues posee todos los detalles urbanos de los asentamientos romanos: El Foro, templos, mercados, necrópolis, santuario, termas, teatro, basílica, factorías, etc.
Si bien ciudades como Itálica, (Sevilla), o Mérida (Extremadura), son más esplendorosas, lo cierto es que esta pequeña localidad, rodeada por dos kilómetros de periferia y con una vista alucinante de cara al Atlántico, conserva su estructura y esa magia única que se conjuga con el paisaje y sus milenarias piedras esparcidas por doquier.Uno de sus vigilantes, Francisco Javier, nos explicaba la importancia de la preservación de este antiguo enclave, y nos informaba sobre los riesgos que a veces la inconciencia de algunas personas implica:-"Si cada visitante que llega se fuera a llevar una piedrecita, como a veces sucede, llegaría el día en que esta ciudad desaparecería, de ahí que nuestro trabajo sea tan importante... Otra cosa es que aquí se ha tratado de mantener la vegetación original, y la Junta de Andalucía ha proclamado esta área como patrimonio nacional, de modo que el turismo no interfiera con la armonía del medioambiente, de hecho en esta área no se permite construir edificios como hoteles o grandes complejos turísticos."Una de las cosas que nos sorprendió es el amor conque estos trabajadores cuidan este espacio vital. Frente a las ruinas, la inmensa, transparente y maravillosa playa de arenas blancas y finas, Bolonia, deleita al visitante y los remonta a una época de grandes civilizaciones e intensa comunicación cultural. A pocas millas náuticas de las costas de África, las cuales se pueden ver en la lejanía, Baelo Claudia fue en un tiempo el centro de tráfico comercial más importante con el continente vecino, y por aquí llegaron miles de mercaderes y aventureros que enriquecieron con sus diferentes atavíos y costumbres los aires de progreso y diversificación humana.En esta zona la calidad de vida es alta y muy sana, tal y como lo fue en los tiempos antiguos. Por la cellecitas y paseos de Baelo, mirando al mar bajo la luz diáfana del mediodía, nos preguntábamos cómo era posible que tanta grandiosidad de la que es capaz el hombre, puede ser opacada por las a veces irracionales propuestas violentas que destruyen lo creado con tanto esfuerzo y amor.
Aunque no es el caso de Baelo Claudia. Su decadencia, según los especialistas en el tema, se inició en la segunda mitad del siglo II, cuando un terremoto asoló la región. Después de una leve recuperación en el siglo III, vuelve a caer y ya para el siglo VII llega su total declive, con lo cual la ciudad es abandonada definitivamente.

Carmen Karin Aldrey © 2003