6/10/20

El dolor es invisible



El dolor es invisible.

Te comprendo, Ismael.
Esa noche huías entre los arbustos
y una lanza detuvo tu fuga.
Te arrastró la corriente mansamente
amaneció tu cuerpo en las arenas del Irharhar.
¿Alguien escribió tu nombre en una piedra?

Te comprendo, Lídice.
La cárcel no es buena para nadie
mucho menos para ti
tan frágil y romántica
tan idealista y friolenta.
La nieve pegada a las rejas de tu encierro
te elevó una noche al vacío.
¿Apareció tu imagen en los diarios?

Te comprendo, Aurora.
Así como tu nombre 
fuiste la primera luz 
que entró a los reinos del olvido.
¿Quién te recuerda?
¿Quién enciende una vela a tu inexistencia?

Te comprendo, Fermín.
Los tiburones hicieron contigo un festín majestuoso
se comieron tus manos
tu guitarra
los sueños de grandeza y glamour
la bondad infinita de tu alma.
¿Echan flores al mar los ángeles?


C. K. Aldrey
6/10/2020
Foto/dig/c.k.a.

5/22/20

Atrapas al pájaro en el aire


(presionar sobre la foto para ampliar)

Los ángeles despiertan en mi almohada


Te voy a decir




(a un muerto viviente en una isla que no existe:
sólo tú y solamente tú)

Te voy a decir
lo que no es verdad: tú.
Lo que miras y hablas
donde te sientas    lo que respiras
eso que imaginas y es grandioso
pero no existe.
Tú y lo que tocas    lo que pasa
y se escurre entre tus dedos
lo que te inventas para sobrevivir
la cama y tu sudor
el ladrillo que te sostiene
la sal de tu sangre
tus pies ennegrecidos
las arrugas de tu lengua
que lamió utopías.
Nada es cierto. Todo es mentira.
El sarcófago que es tu isla
tu almohada de rocas
las plumas de tus alas muertas
la voz con que pretendes seducir
el café que mancha tu boca
la mano temblorosa que ofreces
llena de culpas y trampas.
No es verdad    nada es verdad
ni siquiera tu abrazo a los muertos
tus súplicas al viento de octubre.
Nada de lo que tienes existe
nunca ha existido
eres el espejismo de la vida
tan vacía como la garganta de una cueva
un ser extraño que ya no late
sin el peso abrumador del gentío
que cae del cielo tormentoso.
No tienes rostro    no tienes nada
perdiste las piernas en la guerra
quedaste ciego frente al sol
se te vaciaron las cuencas con la luz
la oscuridad te borró de la tierra.
Eres la orilla de un río seco
donde se acuestan los espectros
y sollozan las viudas
una marioneta de los años
estancada en visiones olvidadas
cuerpo sobrevolado por las auras
hambrientas de la historia.
No eres verdad     no lo eres
te has imaginado que existes
en alguna parte    en algún lugar hechizado
por multitudes ilusas
que tampoco están    nunca han estado
y han sido recreadas
a fuerza de tallarlas    sofocarlas
con bocanadas de fuego
en el volcán del tiempo
que tampoco existe    nunca ha existido
por mucho que te hayas empeñado
por mucho que otros se hayan empeñado.
Sencillamente no estás    no estás
sólo tú puedes saberlo    sólo tú…



C. K. Aldrey/poema&digitalDe mi poemario "El fuego de la lluvia", ICE 2013

4/13/20

Oh, Whitman...




Alma mía…
sólo quiero la calma, el arrullo de tu
velada voz.

Walt Whitman

Oh, Whitman… porque abro la verja
y el pasillo se ha llenado de moho
y mis huellas se quedan grabadas
y el sol las endurece con su fuego
y la lluvia después las llena de influjos

Porque mi alma es comida por los peces
y los peces devorados por mi alma
como una sentencia dictada por Hammurabi
frente a una turba de enardecidos autómatas
que lanzan piedras ciegamente
a un pobre ladrón que perderá su mano
y llevará en la frente la huella del estigma

Oh, Whitman… porque la calma
es solo un regalo de la muerte
una ofrenda del amor desnudo…
todo lo demás habita en los abismos
en el cuerpo que desanda
con los brazos extendidos
para no chocar contra los gruesos muros
de esta existencia aletargada
que sólo a veces escucha su alarido
saliendo de la tierra apisonada
donde los monstruos se enfrentan y procrean…


C. K. Aldrey
(De mi poemario Noctibus, publicado por Linden Lane Press, 2005)
Foto/c.k.a.

Receta para olvidar




(presionar sobre la foto para ampliar)

La lluvia se ha roto


2/23/20

El despertar del penitente



El despertar del penitente


No es fatalismo como tampoco pesimismo. Simplemente es el descubrimiento de una fórmula que estuvo sumergida y con el paso del tiempo, salió a flote como un pez muerto. Me hace feliz haber desvelado su misterio.

Lo hermoso es parte del Todo consustancial. Nacemos para ser sacrificados. Somos el manjar del engaño eufónico y nos vigilan los centinelas de piedra.

Nuestras energías son depredadoras por antonomasia. En esta fórmula de la vida donde para sobrevivir nos devoramos unos a los otros, lo hermoso funge como escudo. Espejismo y carnada elemental.

Las ilusiones nos mantienen vivos y garantizan la procreación de energías. Las que habitan en cuerpos que mueren prematuramente también son imprescindibles. El Universo necesita energías jóvenes cuando las galaxias se extinguen para formar otras nuevas. Las viejas son enviadas a las galaxias muertas para ilustrar a los dioses. Los dioses se sienten seguros en las galaxias muertas. Allí pueden celebrar la cosecha sin que nadie los estorbe. Disfrutan en silencio cada bocado.

Uno de ellos me dijo en sueños que somos su alimento esencial. Me apuntaba con el dedo y decía:

-¿Para qué deseas saber la verdad?

Yo no sentía miedo y me enfrentaba a su voz:

-¿Cómo puedes nutrirte de seres afligidos?

-Cuando los sirven a mi mesa no sufren, ya han expiado todas sus culpas -contestó.

La fórmula es perfecta, inquebrantable y constante, por mucho que trates de cambiarla es imposible, no te perteneces. Los antiguos lo sabían, la inmortalidad es el sentido de la existencia. La muerte como la vida es un delirio pasajero a merced del tiempo, el espacio y las fuerzas indetenibles del Universo. 


(C. K. Aldrey, de mi libro "Eva desde el Cosmos y otras historias" | ICE 2015)
Foto: C. K. A.

Eva






HAIKU

 

Eva descubre

la miel de la manzana

y mis flaquezas.

 

Texto y foto: C. K. Aldrey


GENDARMES



GENDARMES



Era una adolescente muy curiosa, llena de imaginación, y sentía desdén por las instituciones oficialistas, especialmente por Los Comités de Defensa de la Revolución. No había ley que no dejara de ignorar, estipulación que no violara, o imposición a la que no se opusiera, no por simple irreverencia, sino por idealismo. Para ella todo era injusto, desde las miradas oscuras de los rescabuchadores nocturnos a través de su ventana, hasta los discursos empalagosos de los políticos o las reprimendas maternas. El mundo, según su criterio de entonces, estaba sostenido por dos columnas, una que representaba a los que tenían algo que decir y querían ser libres, y otra a los que te prohibían hablar y llevaban el sartén por el mango, que en otras palabras no eran más que símbolos de dos posiciones radicalmente opuestas, por tanto en constante debate y enfrentamiento.

Nunca le enseñaron otra cosa, ni siquiera de niña, estaba en la vida para obedecer, adaptarse al redil y hartarse de lecciones aprehendidas hasta que alguien decidiera esquilarla, pero no era su caso en particular como entendió con los años, eran generaciones tras otras sometidas a una memoria colectiva que actuaba por adecuación. Con el advenimiento de la dictadura este mal heredado tomó visos patológicos, no hay nada como un psicópata en el poder para alimentar la neurosis popular. Todos los dirigentes se querían parecer al dictador, se vestían igual, levantaban el dedo al discursear igual que él, fumaban puros igual que él, hablaban como él, incluyendo a su tío el ministro, una especie de mastodonte clonado. Y todo eso le provocaba náuseas, ganas enfermizas de ionizar los átomos contaminantes de la nueva sociedad para enviarlos al cosmos, allá de donde no pudieran regresar jamás.

Quizás por todas estas cosas, algún que otro vecino le fue tomando ojeriza, no soportaban verla con su guitarra a cuestas, sus pantalones vaqueros desteñidos o el pelo sujetado por cintas de colores, y menos aún, que les retara desde el portal con canciones de enrevesados malabarismos lingüísticos, se negara a participar en sus reuniones aburridísimas o que rehuyera de la guardia madrugadora para espiar a los  posibles enemigos. La pusieron en la lista negra y una madrugada varios individuos vestidos de civil se personaron en su casa con tremendo alboroto y la llevaron detenida al Departamento de Investigaciones Técnicas de la Seguridad del Estado.

No puede describir muy bien lo que sucedió en aquella ocasión, estaba tan fuera de este mundo que apenas articulaba palabra. Recuerda vagamente cuando le tomaron las huellas dactilares, el flash de la cámara frente a la que tenía que sostener a nivel del pecho un letrero con un número de serie –bastante alto, por cierto-, los militares entrando con jóvenes detenidos, la cara de su madre, demacrada y llena de interrogaciones, y aquellos muros, con olor a humedad de siglos, recubiertos de cal y pródigos en barrotes. Tampoco se cuestionaba nada, se dejaba llevar por los oscuros pasillos, mirando como si fuera en una película las caras de los presos que se asomaban a las rejas, sintiendo escozor en las muñecas pues las esposas se las habían irritado, oliendo el desagradable tufo a cuero, pólvora y sudor de los guardias, viendo las pistolas colgadas de sus caderas y el caminar de fácil victoria, oyendo sus propios pasos entrar en la nada, en el vacío gris de la degradación humana, en aquella celda que por cama tenía un sofá muy viejo y apestoso y por ventana una claraboya pintada con brea para que no entrara la luz.

Sólo supo una vez de su familia, dejaron entrar a su madre a visitarla con la condición de que averiguara ciertos datos que se negaba a suministrar, pero era su silencio, su catatonismo, su furia, quienes siempre se interponían entre esos fantasmas de la insidia y su organismo humillado.  Por tanto fueron a su casa, descalabrando su organizada desorganización, confiscando sus pertenencias, arrancando de las paredes los afiches, llevándose todo lo que pudieran encontrar, libros, fotos, el diario, sus poesías y canciones, revistas, la libreta de teléfonos, los discos, su alma, su puto cerebro apabullado, sus recuerdos de la corta y amargada vida que le había tocado como regalo de los inexistentes dioses.

Cuando salió de allí no se podía considerar librada de cargos, fue condenada y sin juicio a un año de prisión domiciliaria por ser menor de edad, sin derecho a estudiar, ni a recibir visitas, ni a salir bajo ningún concepto sin previa autorización de la Seccional de la policía. Asimismo se le prohibió indefinidamente  participar en actos públicos, eventos, manifestaciones -excepto las convocadas por el gobierno en la Plaza de la Revolución y acompañada por su madre, donde por supuesto, jamás fue-, reuniones, a no ser las del Comité de Defensa, fiestas públicas o privadas, entre ellas el carnaval, y un sin fin de cosas más.

Si las pesadillas del primero de enero y los subsecuentes desastres, el divorcio de sus padres, el cambio de provincia, el encarcelamiento del padre, la beca, la hepatitis y el drama shakesperiano con Tania, habían sido truculentos y devastadores, este nuevo episodio vendría a imprimir con más fiereza una pérdida absoluta de la fe y de los valores que hasta entonces más o menos la habían sostenido como persona. Los resultados se podían imaginar, se sentía en franca rebeldía, con el sable entre los dientes, dispuesta a horadar hasta las paredes si fuera necesario con tal de vengarse. Sólo con los meses y la preocupación que le producía la angustia de su madre, asumió el control de sus sentimientos y fue creando una especie de lámina protectora alrededor de las memorias. Pero el rencor estaba ahí, escondido entre el vuelo de aullidos y noches de difuntos.

(De su libro testimonio Las Siestas de Scherezada, ICE 2003. Absolutamente todos los hechos que aparecen en Las Siestas de Scherezada, fueron narrados tal y cual sucedieron. Las historias fueron publicadas en diferentes espacios en los años 80's, y en el 2003 reunidas en un volumen que fue publicado por ICE -Imagine Cloud Editions-, mi espacio de auto publicación)

Digital: c.k.a.
Imagen: Internet Library

12/30/19

Sálvame de ti - HASHO



HASHO

 

Sálvame de ti

otoño que fue verano

en el invierno.

 

Texto y foto: C. K. Aldrey

En la distancia - HAIKU




HAIKU

En la distancia
blanca y azulada
nubes de lluvia.

Foto y texto: c.k.a.

9/26/19

Podría haber sido




Podría haber sido
igual que la marea cuando sube
la copa llena
con su Shofar tallado en el cristal
el simple maullido de paz y eternidad

un caminar despacio
por paseos marítimos
cuando las olas son pájaros blancos
o las piedras se detienen en la orilla

sueño de nieblas suaves y cercanas
barcos en alta mar
libro de poesía
con su isla grabada en la cubierta.

Podría no haber muerto
en la desolación de equipajes fatigosos
escaramuzas indignas
y aduanas sin memorias

no haberse extinguido
en su camino a Farsalia
no ser vencido por Mirónides
y su intrigante espada
ante las puertas de Beocia.

Podría estar vivo…
pero el amor es así
de vez en cuando muere asesinado
y nunca resucita.

C. K. Aldrey

De mi libro "Me llamaba Betsabé", ICE 2015
Photo & Digital c.k.a.

El Interrogatorio



EL INTERROGATORIO



-Te vas a cagar en los pantalones si te mandamos para Nuevo Amanecer… -le dijo el teniente Felipe con mirada de animal vicioso- allí hay unas negras de siete pies que violan a las blanquitas como tú… ¿te gustaría que te cogiera una de esas negras?

Teresa trató de imaginarla pérfida y babosa, mordiéndole el cuello y zarandeándola como a una coneja, pero sólo visualizaba ojos de negra angustiada sin ánimos pecaminosos, ojos de cartas olvidadas y enrejada muerte.

-Me da lo mismo, no sé ni por qué estoy aquí –dijo sin pensárselo mucho.

-Ah, caramba… así que estamos frente a una gallita… qué bien…

El teniente se paró de su silla y empezó a caminar alrededor de la habitación, sólo estaba iluminada el área de la mesa por una lámpara pequeña, de modo que el sonido del crujir de las botas y la atmósfera siniestra de las paredes de piedra, le iban inoculando extrañas sensaciones parecidas al miedo, con la única diferencia que estaba realmente indiferente al careo.

-Mira, chiquita… ¿a que si nos vamos juntos al Ten Cent del Vedado y nos paramos en el portal yo me levanto más mujeres que tú?

Ahí va, se dijo Teresa, de seguro han encontrado mi Diario, pero como usualmente reaccionaba ante circunstancias similares, se mantuvo callada y mirando de soslayo la glauca figura del militar, por demás cínicamente provocador. Este regresó a la mesa y abrió la gaveta, sacando de ella algunas de sus pertenencias, entre ellas su diario y unos manuscritos.

-De modo que tengo a una poetisa delante de mí… -siguió diciendo mientras cogía uno de los papeles y se ponía a leer- … “así como el árbol morirás algún día, y mis ojos secos celebrarán tu muerte…” ¿A quién te referías, al compañero Fidel?

En realidad el ejercicio poético de Teresa siempre era muy ambiguo, incluso para ella misma, y casi nunca recordaba de dónde le venían esas imágenes tan dramáticas que a lo mejor habían sido concebidas en épocas de frustraciones amorosas, por eso la idea de hacerle un poema “al compañero Fidel”, aunque hubiera sido para desearle la muerte, jamás se le hubiera ocurrido, así que no pudo menos que sonreír ante aquél ridículo análisis de sus extravíos filosóficos.

-Entiendo que te gusten las mujeres… -prosiguió pasándose la lengua por los labios- … no hay cosa más rica que una mujer… pero lo que no me cabe en la cabeza es qué puedes hacer en una cama con ellas… es algo asqueroso… ¿no te has dado cuenta de eso? … Dime una cosa… ¿te gustan las mulatas?

-No sé de qué me habla…

-Pues aquí hay una tal Zita que nos ha contado sobre ti… y ella dice que te has ido a la cama con ella… y con esa mulata cantante del Gato Tuerto… ¿lo vas a negar?

A Teresa ya le habían contado sus amigos que en los interrogatorios mencionaban a personas conocidas como posibles chivatos, era una técnica tan vieja como la humanidad que como objetivo tenía enfrentar unos a otros, alimentar la  desconfianza e inculcar rencores para que soltaran la lengua. Era usual que entre los adolescentes esto creara confusión, algunos terminaban auto-incriminándose o delatando a sus amantes y amigos, lo que en algunas ocasiones los llevaba al suicidio o al manicomio, o a aislarse del mundo luego de salir de la cárcel pues el sello estigmático de “colaborador”, aunque no lo hubiera sido, era inteligentemente difundido entre los detenidos por boca de los propios investigadores.

-Zita es sólo una amiga, así que no creo que haya dicho eso de mí… -respondió como si estuviera hablando con la lámpara.

El teniente se irritaba cada vez más y sus ojos empezaban a enrojecer.

-¿Y la que le dicen la china? ¿Sabías que es periodista y trabaja para un órgano de prensa que es la voz de la juventud revolucionaria? Te han visto con ella, Teresa, y la información que tenemos es de muy buena tinta…

Teresa sintió que se le abría la tierra, la china era lo más próximo a Tania que le había sucedido desde que saliera de la beca.

-No la conozco muy bien, no es mi amiga, es amiga de un periodista amigo mío que visita mi casa… -dijo sintiéndose atrapada por la angustia. 

-Teresa… que no se te olvide que tenemos tu Diario… por cierto, está lleno de fotografías de mujeres… a ver… ¿quién es esta fea, eh?

-Se llama Anna Frank… y no es fea…

-Ahhhh… así que una extranjera, ¿no? ¿Sabías que está prohibido andar con extranjeros? Eso se condena con cinco años de cárcel…

Teresa lo miraba consternada, no concebía que ese señor de mirada inteligente no conociera a Anna Frank, cuando incluso su libro se vendía en todas las librerías, la película de su vida había sido exhibida en diferentes cines y se hablaba de ella en las escuelas.

-Está muerta, la mataron los nazis en la Segunda Guerra Mundial… -se oyó decir como en un eco.

El teniente la miró con odio, quizás porque por primera vez desde que comenzara el interrogatorio se sentía minimizado, y nada menos que por una estúpida tortillera, como más tarde le oiría cuchichear al interrogador de turno.

-¡Dime quiénes son estas mujeres de las fotos! –gritó furibundo mostrándole el Diario como si fuera una penca de bacalao.

Con toda la parsimonia del mundo, Teresa empezó a nombrar a todos sus amados símbolos. Estos son Areta Franklin y Louis Amstrong, cantantes americanos. Esta es Nadia, la esposa de un amigo. Esta es mi prima con el uniforme de la beca. Este es Walt Whitman, un poeta americano. Esta es Virginia Woolf, una escritora inglesa. Este es Caruso, el cantante favorito de mi mamá. Este es José Martí en Isla de Pinos. Estos son los Beatles, cantantes ingleses. Este mi papá a los veinte años, y mi madre a los diez y seis. Esta es Catherine Denueve, actriz francesa, y esta que está al lado es Greta Garbo, actriz sueca. Esta es mi abuela allá en Galicia antes de casarse con mi abuelo, y ésta mi otra abuela, que es soprano, canta muy lindo. La última foto era de Sara, la que fuera su última aventura, pero hábilmente cerró el Diario sin hacer ningún comentario al respecto.

Cuando Teresa levantó la vista, el teniente se estaba acariciando la portañuela y la observaba con los párpados entrecerrados. La beatitud de su sonrisa le recordó la del psiquiatra de la beca, y también la de Andrés, el guarda jurado amigo de su padre que cada vez que la veía se sacaba el miembro y se lo estiraba como gusano perezoso. De pronto el teniente se levantó de nuevo y se dirigió a la puerta ignorándola por completo. Teresa se quedó sola por varios minutos, los que se hicieron interminables, hasta que la puerta se abrió de nuevo y apareció otro rostro distinto en el círculo de luz que rodeaba la mesa.

Teresa lo observó con detenimiento. Tenía los ojos color miel, sus manos eran largas cual pencas de areca, y hojeaba delicadamente el informe dejándose llevar por su dedo índice. Después de casi media hora, levantó los ojos y la escrutó con mirada de “yo no fui”. Al parecer la querían poner nerviosa, intimidarla con el silencio y la espera, aunque la costumbre de sentirse asediada la había dotado de una capacidad de indiferencia absoluta que ni torturándola con picana la hubiera hecho salir de su estado letárgico. 

-Teresita… es una pena que desperdicies tus mejores años… cuando seas vieja y mires hacia atrás, te darás cuenta de todo lo que has perdido… y ya será tarde… -le dijo con voz de hipnotizador hipnotizado- La Revolución necesita de jóvenes como tú… eres una muchacha inteligente… deberías colaborar con nosotros, portarte bien… no sabes cómo está sufriendo tu mamá… está desesperada, pensando que su hija está loca… pero nosotros sabemos muy bien que sólo estás confundida, que te has dejado influenciar por las malas compañías… esos vagos no te conducirán a nada, no los quiere la Revolución, porque son enemigos nuestros, agentes del imperialismo, y también son enemigos tuyos, porque te están llevando por un mal camino…

Teresa, a punto de dormirse, bostezó groseramente y la cara del investigador palideció como polvo de arroz. Desde que la habían llevado allí acostumbraban a sacarla de la celda en la madrugada para los interrogatorios, y hacían lo mismo con los otros detenidos pues así los agotaban e iban drenando poco a poco su resistencia. La escasa alimentación, el desorden metabólico que les provocaba los horarios de guerrilla, los complejos de culpa con los familiares –ante los cuales se creían malhechores y endemoniados- , la atmósfera de tugurio, los alardes de militancia, las torturas mentales y a veces físicas, en fin, aquella escenografía parte real y parte ciencia ficción montada con todos los recursos del poder militarista, era como la antesala de los futuros neuróticos capitalinos, de una juventud que aprendiendo a viabilizar su desdicha también se preparaba para burlar soterradamente la fuerza bruta que reinaba en el país.

El monje de la revolución no había podido convencer a la profana Teresa, o al menos, eso fue lo que pensó cuando mandó a buscar al guarda para que la regresaran a la celda, pero su mirada no varió, más bien resignada y sombría recorrió su rostro soñoliento, desaprobándolo como padre inquisidor que ya no sabe qué hacer para refrenar los excesos de su hija descarriada.


Carmen Karin Aldrey


(De su libro testimonio Las Siestas de Scherezada, ICE 2003. Absolutamente todos los hechos que aparecen en Las Siestas de Scherezada, fueron narrados tal y cual sucedieron. Las historias fueron publicadas en diferentes espacios en los años 80's, y en el 2003 reunidas en un volumen que fue publicado por ICE -Imagine Cloud Editions-, mi espacio de auto publicación)

Digital: c.k.a.
Imagen: Internet Library